Nací en Riudecanyes y allí viví hasta los veintimuchos años; Quizás por eso mi visión mental de una puesta de sol no es en el mar (¡por el mar sale el sol, no se pone!), sino tras la cima de Escornalbou.
Tantas veces he visto esa montaña piramidal, con los brillos del crepúsculo tras ella, que podría pintarlo con los ojos cerrados (es un decir).




Por cierto, el tamaño extraño del cuadro es debido a que aproveché un recorte de cartón entelado que me había sobrado de otro cuadro, pues hay que aprender a reciclar.