Venus

Uno de los primeros cuadros que pinté, hace ya muchos años. Le tengo un especial cariño.


Se trata de un fragmento del Nacimiento de Venus de Botticelli, aunque reflejado en un espejo).

Homero, en sus Himnos, dijo (o alguien dijo en su nombre, no queda claro): «Cantaré a la de áurea corona, veneranda y hermosa Afrodita, a quien se adjudicaron las ciudadelas todas de la marítima Chipre, adonde el fuerte y húmedo soplo del Céfiro la llevó por las olas del estruendoso mar entre blanda espuma; las Horas, de vendas de oro, recibiéronla alegremente y la cubrieron con divinales vestiduras, pusieron sobre su cabeza inmortal una bella y bien trabajada corona de oro y en sus agujereados lóbulos flores de oricalco y de oro precioso, y adornaron su tierno cuello y su blanco pecho con los collares de oro con que se adornan las mismas Horas, de vendas de oro, cuando en la morada de su padre se juntan al coro encantador de las deidades.»

Robert Graves, en su obra Los Mitos Griegos, cuenta una versión ligeramente distinta: los hititas narraban como Kumarbi (Crono) arrancó de un mordisco los genitales del dios del cielo Anu (Urano), tragando parte del semen y escupiendo el resto en el monte Kansura, donde se transformó en una diosa. Este sería el origen del mito griego que, sin duda, es más bello y poético.

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