Durante el siglo XX se produjeron una serie de procesos de descolonización que hicieron que los caducos imperios coloniales desaparecieran de la prtida global; pero eso no evitó que reaparecieran otros, bajo la forma de imperios multinacionales.
En 1914 el 84% del mundo pertenecía a alguna potencia colonial europea; terminada la Primera Guerra Mundial, en el periodo de entreguerras, algunos territorios obtuvieron la independencia (Reino Unido pierde Afganistán, Nepal, Iraq, el territorio portuario de Weihaiwei, y los territorios de la Commonwealh obtienen una independencia virtualmente completa; por su parte Francia pierde el Líbano e Italia pierde Etiopia).
Es sobre todo en el periodo que va desde la II Guerra Mundial hasta mediados de los setenta, cuando el panorama mundial da un giro de 180 grados; es en este periodo cuando casi todos los países de Asia y de África se independizan, al menos oficialmente.

Pero, ¿qué se entiende por descolonización? Se trata de un término que ya aparece en textos de Fonfrede (1836) o de M.J. Bonn (1932), pero que no se generaliza hasta los años 50 y 60, coincidiendo con la independencia de la mayoría de países de África y de Asia.


Hay quien encuentra que su uso de este término plantea un problema semántico, ya que la palabra descolonización da a entender que del mismo modo que un estado ha colonizado un territorio, ha sido él quien ha decidido descolonizarlo, y realmente casi nunca ha sido así. Las causas de la descolonización son muchas, dependen del territorio, de la época y de las circunstancias. Puede verse un gran abanico de situaciones que provocan esta descolonización, entre ellas tenemos a:
- La influencia del socialismo soviético
- Los movimientos nacionalistas
- La pérdida de prestigio de los imperios coloniales después de la II Guerra Mundial
- La existencia de una minoría culta en las colonias que ha estudiado en la metrópoli
- El reparto del mundo entre Estados Unidos y la URSS (dos estados que nunca fueron imperios coloniales)
- La aparición de la ONU
- El reconocimiento del derecho de autodeterminación
Tampoco puede dejarse de lado la conferencia de Bandung (1955) donde se reunieron por primera vez los países afroasiáticos independientes y de donde salió el llamado Movimiento de los Países No Alineados Pero, además, hay otra causa, talvez indirecta, pero sin duda importante: el aumento demográfico de la población urbana en las colonias. Este aumento rompió con la cultura tradicional eminentemente rural y permitió la obtención de nuevas ideas de libertad que casi siempre procedieron de Europa (le pese a quien le pese).
Tampoco podemos olvidar la función de la Iglesia, sobre todo gracias a la influencia de los misioneros y las encíclicas Pacem in terris (Juan XXIII, 1963) y Populorum Progressio (Pablo VI, 1967).

Las causas son muchas, pero las formas de obtener la independencia no son tantas; habitualmente solo hay dos: de forma pacífica o de forma violenta.
Evidentemente quedarnos solo con dos opciones es una simplificación, ya que entre ellas se encuentran toda la gama de grises que uno pueda imaginarse; cada país es un mundo y las metrópolis actuaron de manera muy diferente en uno u otro lugar, respondiendo a intereses económicos, políticos o incluso sentimentales.
En los años de la posguerra predominan las independencias «pacíficas», ya que los imperios coloniales, agotados después de dos guerras mundiales, no tienen fuerzas para retener las colonias. Un ejemplo es el proceso de la independencia India.
Esta fue una realidad en 1947. En febrero el gobierno británico dio instrucciones al gobernador de la India para preparar la independencia, y en agosto del mismo año la independencia era ya un hecho. La India se separó en dos estados, India y Pakistán. Es una independiencia que podemos considerar pacífica, claro está, si dejamos de lado el proceso traumático que sufrió la población al tener que elegir entre uno u otro estado, los cientos de miles de muertes por cada bando o la diáspora de refugiados que duró años (así como las hostilidades de años posteriores).

La independencia se consiguió gracias a un hombre: Gandhi.
Gandhi fue un líder carismático que promovía una filosofía moral de no violencia (satyagrapha) y resistencia pasiva para conseguir la swaraj (independencia). Desde 1915 se involucró en política y transformó el elitista partido político Congreso Nacional Indio en la herramienta principal del nacionalismo. Sus acciones hicieron que le llamaran Mahatma («gran alma») y se convirtió en aquello que no quería su partido: el representante de algo que era una mezcla entre religión y política, una asimilación entre nacionalismo y espiritualidad hindú.
Pero no todas las independencias fueron como la de la India. Pasado el periodo «de agotamiento de posguerra», las independencias de los años 50 y 60 están marcadas sobre todo por los conflictos violentos. Un ejemplo claro es el grupo guerrillero de los Mau-Mau de Kenia.
Éste se trataba de un grupo armado de la etnia kikuyu que en 1952 ya actuaba y cuando Kenia fue independiente en 1963, Jomo Kenyata, su dirigente, obtuvo la presidencia del nuevo país.

El camino fue complicado para llegar a la independencia; se calcula que hasta diez mil combatientes de los Mau-Mau murieron en luchas contra el ejército británico. La estrategia de los británicos fue acusar a los Mau-Mau de comunismo, así evitaba tener que excusarse para luchar contra un grupo nacionalista que quería recuperar su territorio y con esta acusación, obtenía la ayuda de Estados Unidos. Pero, en cierto modo, la problemática bélica de Kenia no era la tónica habitual, ya que sólo se repitió en el Congo Belga.
Los gobiernos europeos eran conscientes de que si se mostraban flexibles hacia la independencia podrían mantener unos vínculos económicos que no obtendrían si persistían en conservar las colonias gracias a la fuerza de las armas («descolonización profiláctica» le llama Hobsbawm). La obtención de lazos económicos por parte de la metrópolis nos lleva a una reencarnación (o evolución o metamorfosis) del colonialismo: el llamado neocolonialismo.
En 1965 el político y filósofo panafricanista Kwame Nkrumah ideó la noción de neocolonialismo, que definía como el dominio del capital y los intereses externos a través de las élites y los intereses internos. Por lo tanto el neocolonialismo se puede definir como una nueva forma de opresión colonialista que en lugar del control imperialista formal y directo (político) opera indirectamente (dependencia económica) e incluso puede ser considerado la etapa final y más peligrosa del imperialismo.
¿Y dónde hemos llegado? ¿Al mismo lugar donde estábamos al principio? En realidad no. Hay una evolución, una sustitución de clases dominantes, un control férreo de los recursos por parte de entidades extranjeras y una sumisión a instituciones supranacionales .Al menos a los habitantes de las nuevas colonias del siglo XXI les queda un consuelo: los habitantes de la metrópolis están sometidos a los mismos dueños.

BIBLIOGRAFIA
- FERRO, Marc (2003). Diez lecciones sobre la historia del siglo XX. Siglo XXI editores.
- HOBSBAWM, Eric. (2017). Historia del siglo XX. Crítica
- KUMAR NAG, Sourav. “Fighting Neocolonialism: A case Study of the Selected Novels of Ngugi Wa Thiong’o”. Epiphany, Vol. 6 n. 1, 2013
- LOZANO, Álvaro (2016). XX un siglo tempestuoso. La esfera de los libros
- MARTINEZ Carreras, José Urbano. “La ONU y la descolonización”. Cuadernos de historia contemporánea. N. 17, 1995
- NKRUMAH, Kwame (1974). Neo-Colonialism The Last Stage of Imperialism. Panaf Books
