¿Somos humanos?

¿Realmente lo somos? ¿Desde cuándo? ¿Qué es un ser humano? ¿Es la herramienta la que nos hace humanos? ¿Es la mente? ¿Es la religión?

Son preguntas aparentemente difíciles de contestar, sobre todo porque es muy simple encontrar argumentos a favor o en contra de cada una de ellas.  

   

Hasta hace bien poco, estaba convencido que la herramienta (el uso de ellas, claro está) era lo que nos hacía humanos. Era un firme partidario del llamado Homo faber, pero ahora ya no lo tengo tan claro. Quizás, tal como afirman en su libro Eduald Carbonell y Robert Sala, aun no somos humanos…

Encara no som humans: propostes d’humanització per al tercer mil.leni. Empuries, 2002

Mi intención al escribir este artículo es reflexionar sobre si un hecho concreto (la aparición de las primeras herramientas de piedra) es lo único que se necesita para separar el género homo de los homínidos que lo precedieron; y si consideramos que no es así, sin duda se presenta una nueva dificultad, contestar la pregunta ¿qué nos define como humanos?

Durante mucho tiempo (el método Bordes para clasificar conjuntos líticos se usa desde 1953) se daba por supuesto que la herramienta de piedra señalaba la frontera entre lo que es y lo que no es humano.  

Filosóficamente se ha hablado mucho sobre la esencia de la humanidad —aquello que nos diferencia de la animalidad— y me atrevo a afirmar que ese detalle esencial que marca la diferencia es la facultad de ser consciente de la propia existencia, de pensar en el futuro, de prever lo que sucederá y, debido a todo ello, tener un sentimiento espiritual con relación a la muerte. Convertir esto en una idea religiosa es muy simple, es el paso lógico siguiente, pero estoy convencido que la religión es la consecuencia de ello, nunca la causa: El hecho religioso se asienta en los parámetros que he enumerado antes, jamás los origina.

Por tanto, y a riesgo de equivocarme, afirmo que las herramientas no nos han traído la humanidad. 

 

La ciencia identifica como la primera criatura humana el llamado Homo ergaster. Tanto él como el Homo habilis usaban herramientas, pero ¿eran humanos? El hecho de pertenecer al género Homo y usar herramientas los clasifican como humanos, pero entonces, ¿Qué hacemos con sus antecesores? Oficialmente no son considerados humanos, pero se ha demostrado que también usaban herramientas, por tanto creo que esta distinción entre unos y otros no nos sirve.      

Hoy en día es de opinión general que la aparición de las herramientas se debió a la necesidad de su uso, no debido a la inteligencia de quien las creó. La industria lítica es un paso avanzado de un proceso más ecológico que biológico, por tanto no podemos considerar la herramienta como el elemento diferenciador entre lo humano y lo animal. Fue el hecho de abandonar la seguridad del bosque y encontrarse en medio de la sabana inhóspita lo que obligó al homínido a “inventar” las herramientas de piedra. El Australopithecus ya las usaba, e incluso hay muchas probabilidades que los antiguos homínidos forestales las fabricasen a partir de materiales efímeros como ramas, hojas, tallos u otros vegetales.  

¿Lucy usaba herramientas de madera? Sin duda.

Tenemos dos opciones: una de ellas es creer, como el biólogo Lewis Wolpert, que el hecho de crear herramientas complejas requiere un cerebro preparado para la comprensión clara de la causa-efecto; y, si lo creemos así, dejaremos fuera de la clasificación humana a los homínidos, ya que ellos, como mucho, crearon herramientas sencillas para un uso concreto. Por tanto, ¿qué pasaría entonces? Que zanjaríamos la discusión, ellos no serían humanos y listos.

Pero existe una segunda opción: Podemos creer que la complejidad no es importante, lo importante es el hecho en sí de crear una herramienta, por simple que sea. Pero claro, al creer eso, automáticamente nos obligamos a ampliar la antigüedad del género Homo hasta poder definir a un homínido como el Australopithecus como plenamente humano (además, los chimpancés también construyen herramientas, por tanto, siguiendo con la definición, tendríamos que englobarlos como humanos).    

Creo que es interesant incluir aquí un pequeño matiz con relación al tema de las herramientas: El Australopithecus y los chimpancés fabrican herramientas, pero, ¿lo hacen por instinto? ¿Lo hacen de la misma manera que un pájaro construye un nido? Creo que es hacer trampas afirmar esto, pues se ha demostrado que cuando un chimpancé aprende a usar una herramienta concreta, enseña cómo funciona ésta a los individuos de su comunidad, o sea, transmite ese conocimiento, y eso es cultura. Por tanto hemos vuelto a meternos en un cul-de-sac: La cultura definida como información que se transmite tampoco nos hace humanos.  

Busquemos pues otra explicación: ¿La creencia religiosa nos hace humanos? Digamos que sí, y por ello nos preguntaremos cuando empezó ese sentimiento, ¿qué fecha tienen esos primeros entierros? Se ha demostrado que chimpancés, bonobos y gorilas muestran signos complejos ante la muerte, pero, ¿tienen un sentimiento religioso? ¿Han inventado dioses o seres supra-naturales? ¿Son conscientes de la muerte?

Las primeras manifestaciones religiosas aparecen hace unos 30.000 años, en el paleolítico superior, y los primeros rituales de enterramiento generalizados corresponden a sapiens y neandertales. Podemos datar conductas funerarias hasta los 300.000 años e incluso podemos considerar los descubrimientos de la Sima de los Huesos de Atapuerca (datada hace 400.000 años) como muestra de los comportamientos funerarios más antiguos.  

 

Independientemente de lo que sea el fenómeno religioso (una consciencia evolutiva según Stephen Jay Gould o una invención para explicar fenómenos desconocidos, tal como afirma Lucrecio en De natura rerum), éste solo aparece con el género Homo, a pesar que antropólogos como James Harrod afirman que los homínidos tenían conocimiento religioso.

Pero mientras no se demuestre esto, tenemos que afirmar que somos aquello que podríamos llamar Homo religiosus, por tanto, hemos ideado un alma y por tanto tenemos miedo del futuro y recubrimos este miedo de seres sobrenaturales que creemos que nos ayudarán. Necesitamos ese sentimiento y, por ello, quiero remarcar una frase del etólogo Richard Dawkins que he leído hace poco: “¿No es triste irse a la tumba sin llegar a preguntarse por qué has nacido?” 


 

¿Cuál es mi decisión final? Pues que el sentimiento religioso es el que señala la humanidad a menos que, retomando una idea que he comentado antes, la humanización plena aún no ha llegado y, apropiándome de la frase del profesor Jorge Riechmann, no somos “ni animal, ni dios, ni máquina, sino una criatura de frontera”.

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