El niño y la oca

La arquitectura helenística es una arquitectura de contrastes; los sepulcros no suelen ser monumentales pero, en cambio, los relieves, frisos y elementos decorativos son muy elaborados. El estilo helenístico se alía con otros elementos como columnas que sobresalen de los muros o los capiteles corintios, para obligar al espectador a fijar la mirada en un punto determinado, justo lo contrario que hacía la arquitectura griega clásica, que democratizaba todos los elementos dejando que el observador decidiera dónde dirigir la mirada. 

La elegante sobriedad del orden jónico y la simplicidad del dórico son abandonados y aparece el capitel corintio, auténtica muestra de las influencias orientales e ideológicas de la época.   

De izquierda a derecha, capitel dórico, jónico y corintio.

Las opulentas ciudades de Alejandría, Antioquia o Pérgamo no podían quedarse con algo tan «caduco» como la solidez dórica o la gracilidad jónica. Desde Corinto llegó a inicios del siglo IV aC un nuevo estilo lujoso, adornado, barroco… y este estilo se repitió en edificios públicos de toda la ciudad para asombrar al visitante, para demostrar poder y magnificencia.   

Representación del Coloso de Rodas

Los proyectos eran colosales, titánicos; por ejemplo, había un proyecto —sin duda irrealizable— de esculpir en el monte Atos una gigantesca estatua de Alejandro; en el puerto de Rodas se levantaba un coloso de más de 32 metros de altura; el faro de Alejandría tenía 120 metros de altura… todo era una demostración de megalomanía pero, como he dicho anteriormente, la época helenística era una época de contrastes, de manera que también fue representativa de lo delicado, lo pequeño, lo gracioso: Hubo una profusión de esculturas de niño, de objetos mínimos, de escenas intrascendentes y cotidianas.  


Representación del proyecto del coloso de Dinórrates:

Un ejemplo muy claro es el Niño con la Oca de Boethos de Calcedonia.

Niño con la Oca de la Gliptoteca de Munich

Durante el helenismo desapareció el gusto por los grandes dioses olímpicos, y las preferencias se decantan hacia personajes menores como sátiros, faunos, ninfas, niños jugando, etc. También disfruta representando la fealdad, las actitudes cotidianas, las situaciones habituales y nada épicas.   

Anciana Ebria. Copia romana de un original helenístico de Mirón de Tebas (s. II aC). Gliptoteca de Munich

El helenismo se basa en la expresividad y tiene un gran sentido de la teatralidad pero siempre dentro de un realismo que permite temas o maneras de enfocarlos que hasta entonces eran imposibles. Un tema tan fuera de lugar como el Niño con la Oca es esculpido con el máximo virtuosismo, de forma que se disfruta de su visión girando alrededor suyo, para poder verlo desde todos los ángulos, ya que es una obra global, ideada para ser vista desde cualquier dirección.  

Se trata de una escultura del siglo II aC atribuida a Boethos, y muestra el gran paso dado por el helenismo, al representar a un niño travieso, con sus carnes suaves y despojado de la musculatura y el cuerpo perfecto del héroe. Este niño está intentando capturar a un ganso del mismo modo que, salvando las distancias, otro escultor habría esculpido a Hércules contra el león de Nemea.  

Niño con la Oca del Museo del Louvre

Se trata de una escultura muy conocida, representada y copiada infinidad de veces. Existe una copia en el Louvre, otra en la Gliptoteca de Munich y una tercera en el Museo Vaticano, entre otras.    

 

Niño con la Oca del Museo Vaticano

Habitualmente se trata de copias romanas del original helenístico y siempre hay pequeñas diferencias: en unas la oca tiene el pico cerrado, en otras abierto, el cuello está orientado diferente, la postura de los brazos del niño es distinta, etc…    

En Tarragona, curiosamente, había cinco copias de la misma (algunas se han perdido). Había dos de bronce que se encontraban en los dos pequeños estanques que hay en las puertas del edificio de la Tabacalera; existen dos más en el frontón triangular de la fachada neoclásica del ayuntamiento de Tarragona y hay otra, la más conocida, al inicio del Passeig de les Palmeres, cerca del Balcó del Mediterrani.  

Foto antigua de la Fachada de la tabacalera donde se observan, a ambos lados de la puerta, las figuras

Fachada del Ayuntamiento de Tarragona con las dos figuras

Si obviamos las dos del ayuntamiento, la más accesible es la del Passeig de les Palmeres. Es interesante observarla por lo que representa: la ironía de mostrar como si fuera una gesta heroica la lucha de un niño y una oca. Aunque, y quien haya intentado coger un ganso o una oca lo sabe, conseguir retenerlo es una hazaña más que hercúlea, casi titánica.  

El Nen i l’Oca de Tarragona. Ignasi Pallàs. 1949

   

BIBLIOGRAFIA  

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