Hace unos cuantos años, Umberto Eco, en el prólogo de una de las reediciones de Apocalittici e integrati (el original es de 1964), afirmaba que ha habido una especie de insurrección periodística hacia las decisiones de los propietarios de los medios de comunicación. Eco afirma que, en 1964, cuando publicó su obra, el hecho que existieran dos informativos de televisión en competencia ideológica era algo inimaginable. Esa imposibilidad ya se había convertido en una realidad en el momento que escribe el prólogo a la nueva edición.
Quizás en 1964 no pasaba, pero el 2020 es complicado diferenciar entre diferentes medios, pues la gran mayoría comen de la misma mano; y donde no llega la televisión llegan las redes sociales, de manera que nadie permanece fuera de la digitalización global, nadie es ajeno al mundo digital, ya que, si no accediera a él, no recibiría el mensaje e incluso (¡Dios no lo quiera!) podría tener ideas propias.
Los informativos son productores/distribuidores de información y tienen una única intención: Cambiar la mentalidad de los receptores.
Pueden hacerlo de manera más sutil o más burda; haciéndonos creer que entretienen o modificando el lenguaje continuamente de manera que este cambio conlleve un cambio en la realidad social o política. Bajo la tiranía de lo políticamente correcto, aparecen nuevas denominaciones, eufemismos de eufemismos, prohibiciones y recomendaciones…
Los medios de comunicación quieren hacernos creer que reflejan la realidad, que se encuentran más allá del bien y del mal. Los periodistas no ven ningún problema gnoseológico en su manera de describir la realidad y se escudan en la objetividad, la ética, sus normas deontológicas y la moralidad. Ellos siempre están dispuestos a trasladar a la sociedad cualquier «relato oficial» (considerando relato según la definición de Mark Fishman en Chomsky, Los guardianes de la libertad, o sea «propaganda, desinformación y consenso en los medios de comunicación de masas«).
Si nos atenemos a esta definición, el relato oficial, es siempre la VERDAD sobre un hecho.
Diferentes medios de comunicación ante una noticia nos transmiten versiones distintas, pero cada uno de ellos afirma que su versión es la VERDAD y es casi imposible formarse una opinión de un hecho a partir de una única fuente de información.
INFORMACIÓN – DES – INFORMACIÓN
Quien controla la prensa es el dueño de la opinión; los datos sobre el paro, la peligrosidad del coronavirus o el problema de la emigración. Todos nos inclinamos hacia uno u otro lado dependiendo de lo que interesa al propietario del medio de comunicación, reconvertido en propagador de opinión, y no podemos evitarlo… al menos es muy complicado hacerlo.
- Ibelda Marco, M. (2010). Atenuación, eufemismos y lenguaje políticamente correcto. En M. Aleza (Coord.), Norma y usos correctos en el español actual (pp. 342–374). València: Tirant lo Blanch.
- Chomsky, N., & Herman, E. S. (1990). Los guardianes de la libertad: Propaganda, desinformación y consenso en los medios de comunicación de masas. Barcelona: Crítica.
- Eco, U. (2001). La cultura italiana y las comunicaciones de masas. En Apocalípticos e integrados. Barcelona: Tusquets.
- Mattelart, A. (2009). Un mundo vigilado. Madrid: Paidós.
- Parra Pujante, A. (2012). La lógica periodística en sentido epistemológico. Estudios sobre el mensaje periodístico, 18(2), 891–906.

