El arte ha muerto

A lo largo de la historia de la humanidad el arte ha adoptado múltiples formas, y cada una de ellas ha sido considerada el Verdadero Arte por sus contemporáneos. Cada vez que un movimiento artístico sustituye al que hasta ese momento era el “verdadero arte”, aparecen voces que suelen gritar: ¡El Arte ha Muerto! Además, estas voces, afirman tener la certeza y el convencimiento de ser los guardianes de la VERDAD.  

Es una postura muy humana, pues el arte nos trasciende a todos, y no podemos evitar que cualquiera de nosotros, al observar determinada obra de arte que no se incluya en los parámetros estéticos contemporáneos a nosotros, tengamos la sensación que es algo desfasado, y por lo tanto muerto.   

Evidentemente no se trata de una muerte real, y esta muerte en vida es lo que me hace replantearme el arte como ese gato que estaba en una caja esperando que fuese abierta; al abrirse, el gato obtiene el conocimiento sobre si está vivo o muerto y, en el caso de los movimientos artísticos, al abrir la caja de la historia, el arte se convierte en rupturista o imitador, por lo que siempre se ve obligado a matar a sus padres y a resucitar a sus abuelos, para así obtener su propio estatus y aparecer como un nuevo movimiento artístico a los ojos del mundo.    

¡Hoy en día cualquier cosa puede ser arte! Afirman.

Y además, ¡el arte actual solo es fealdad! Añaden.

Estas frases anteriores pueden oírse en boca de aquellos que añoran a pintores como Vermeer, aquel artista que aportó belleza a la mediocridad; pero los mismos que añoran a Vermeer olvidan que él rompió con la “belleza” anterior centrada en la tradición del tenebrismo que partía de Caravaggio y llegaba hasta Rembrandt. 

La Lechera (1658-1660). Johannes Vermeer

Los críticos de arte, que tienen una opinión más formaba que nosotros, la plebe; nos recuerdan que el arte ha muerto de éxito. Ellos afirman que cuando cumplió todas sus aspiraciones y no tenía nada más a decir, se sentó para morir en paz, aislado del mundanal ruido. Incluso hay quien ha fechado ese momento: fue en 1964, concretamente en el momento en que Warhol (1928-1987) presentó en sociedad sus Brillo Box.  

Brillo Box (1964). Andy Warhol

El crítico de arte Arthur Danto (1921-2013) era partidario de esa muerte y la ejemplificaba con la performance de Warhol. Su tesis afirmaba que existe un progreso que siglo tras siglo hace evolucionar el arte acercándolo a la realidad; cuando el mimetismo llega a tal punto que la obra de arte es indistinguible de la realidad, entonces el arte ha muerto.  

Esta idea también aparece en Lévi-Strauss (1908-2009) cuando afirma que si se consigue identificar totalmente el modelo y la obra de arte, no podemos hablar de creación, por tanto esa identificación será otra cosa, pero no es arte. Sin embargo, al contrario, cuando no existe ninguna identificación entre la obra de arte y el modelo, cuando no podemos percibir ninguna relación, tampoco existe el arte, y que entonces nos hallaríamos ante un objeto lingüístico, ya que en este no guarda nunca ninguna relación significante y significado.    

La tesis de Danto está basada en el conocido como modelo mimético, idea que nace en Platón y que simplemente presenta la realidad tal como es percibida, y se enfrenta al modelo basado en la estética kantiana, el Ars gratia artis o sea el arte por el arte.  

Attempted Birdhouse One, (1999). Homer Simpson

Con el perfeccionamiento de la imitación a lo largo de los siglos, se llega un punto (según indica Danto) que el modelo mimético no puede avanzar más, ya que modelo y obra de arte son aparentemente iguales. En ese momento, la única opción que le queda al artista es mostrar la realidad de manera subjetiva, involucrando en ella al espectador; con ello el arte se relativiza y ya no hay una progresión de la historia, esta se detiene y lo único que queda son artistas y obras de artes, una detrás de otra, sin relación aparente entre ellas.

Pero Danto no dice nada que no se haya dicho antes.

Hegel (1770-1831) pronosticó la muerte del arte en sus lecciones sobre estética, al menos eso se afrima, aunque en realidad no hizo tal, ya que en ellas Hegel solo afirdijomó que el fin supremo del arte era algo que pertenecía al pasado (“Para nosotros, la determinación suprema del arte es en conjunto algo pasado, es, para nosotros, algo que ha ingresado en la representación, la peculiar representación del arte ya no tiene para nosotros la inmediatez que tenía en el tiempo de su apogeo supremo”), a pesar de todo, historiadores del arte como Benedetto Croce (1866-1952) vieron en las palabras de Hegel una “oración fúnebre” para el arte. Croce dijo que «l’Estetica dello Hegel è, perciò, un elogio funebre: passa a rassegna le forme successive dell’arte, mostra gli stadi progressivi che esse rappresentano di consunzione interna, e le compone tutte nel sepolcro, con l’epigrafe scrittavi sopra dalla Filosofia / «La Estética de Hegel es, por tanto, un elogio fúnebre: pasa revista a las formas sucesivas del arte, muestra los estadios progresivos que estas representan de desgaste interno, y las reúne todas en el sepulcro, con la inscripción grabada sobre él por la Filosofía”.  

Otros historiadores consideraron que Hegel liberaba el arte del yugo de la filosofía e iniciaba la Ars gratia artis que parte de las ideas kantianas y tantas (y revolucionarias) obras de arte ha producido durante todo el siglo XX.    

¿Quién tiene la razón? ¿los que nos hablan de la muerte del arte o los que la niegan poniendo como ejemplo los movimientos artísticos del siglo XX? Depende, ¿y de qué depende? De lo que consideremos arte.  

Blanco sobre blanco (1918) Kazimir Malevich

El camino que ha seguido el arte desde las primeras venus paleolíticas hasta la actualidad es una progresión similar a la que expuso Thomas Kuhn (1922-1996) cuando hablaba de la historia de la ciencia (The Structure of Scientific Revolutions– 1962). 

A partir de la teoría de Kuhn podemos afirmar que hay un momento en el que el consenso de la comunidad artística se ve roto por una nueva manera de ver el arte, incompatible con la que hasta entonces era la única correcta. Esta nueva manera puede ser considerada revolucionaria pero, a pesar de ella, casi nunca dejará de beber de fuentes anteriores (la muerte del padre y la resurrección del abuelo, de la que he hablado antes), de manera que las nuevas corrientes solucionan los mismos problemas de diferente manera.  

Las similitudes del progreso artístico con el científico aportado por Kuhn, se basa en los estudios de Gombrich (1909-2001) que trataban el problema de los cambios de percepción y las crisis alternas que aparecían en la línea temporal de la historia del arte. Gombrich partía a su vez de las ideas de Popper (1902-1994) quien afirmaba que los diferentes estilos artísticos no eran más que unas tradiciones creadas por lo que él llamaba «espíritu supraindividual», concepto que (cerrando el círculo) es asimilable a los paradigmas ideados por las comunidades científicas de Kuhn.

Cuando aparecieron movimientos vanguardistas como el futurismo, el dadaísmo o el conceptualismo, los artistas que los produjeron no eran conscientes de crear un estilo nuevo, simplemente querían cambiar lo que estaba establecido. De sus escritos interpretamos que sentían una especie de desasosiego en el momento de la creación, ya que rompían con su propia formación artística. Esto en el fondo es lo mismo que propone Kuhn cuando habla de cambio de paradigma científico.

En definitiva podemos afirmar que la muerte del arte de Warhol no es más que una repetición de la que se produjo en 1917 cuando Marcel Duchamp (1887-1968) presentó su obra Fountain.   

Fountain. (1917). Marcel Duchamp

Duchamp creó una obra de arte a partir de un objeto, sin transformarlo, sólo por el hecho de elegirlo y “presentarlo en sociedad”, y eso rompió todas las normas básicas se iniciaron con el escultor paleolítico.

Duchamp no es una interrupción, como tampoco lo fue el barroco, el románico, el dadaísmo o el manierismo; la progresión del arte no está compuesta de saltos adelante y atrás, es más bien como las eslabones de una cadena, según la afortunada metáfora de Otto Pächt (1902-1988), cada una de ellas diferenciada, pero similar y conectada indisolublemente con las demás (las anteriores y las futuras), y estos «eslabones» tienen unas características que resumió Wölfflin (1864-1945) en tres puntos:  

  1. Responden a las exigencias de su época por sobre la creatividad individual
  2. Pasan por delante del artista individual
  3. Se repiten de manera similar en diferentes épocas

Fountain de Duchamp es una obra de arte rompedora, aunque, incluso hoy en día, un porcentaje muy elevado de personas que la observen opinarán que no es más que una tomadura de pelo. Esto me lleva a recuperar la exclamación anterior (¡Hoy en día cualquier cosa puede ser arte!) y preguntarme: ¿una tomadura de pelo puede ser una obra de arte?

 

Mierda de artista. (1961). Piero Manzoni.

Las cajas Brillo de Warhol son una obra de arte ya que la intención de Warhol era hacer arte; habrá quien lo considere un engaño, pero cualquier acto artístico lo es en el momento que el artista lo hace suyo, de manera que la coherencia creada se convierte en su coherencia.

Umberto Eco (1932-2016) se pregunta, como Stephen Dedalus lo hizo en su día: ¿si un hombre furioso destroza un trozo de madera y aparece casualmente la forma de un vaca, ha hecho arte? (“…if a man hacking in fury at a block of wood, stephen continued, make there an image of a cow, is that image a work of art? if not, why not?” / «Si un hombre, golpeando furioso un bloque de madera —continuó Stephen—, hace de él la imagen de una vaca, ¿es esa imagen una obra de arte? Si no lo es, ¿por qué no lo es?» dijo Dedalus en Retrato del artista adolescente -1916).  

Eco continúa con el planteamiento y añade: ¿si encontramos en el bosque un trozo de madera que parece una vaca, también es arte? En realidad ninguno de los dos objetos es una obra de arte, y la razón se encuentra en el proceso; es arte lo que se consigue tras recorrer un proceso vivo que lleva de la materia informe a la forma material, por lo que hay una comprensión por la que la forma final es la que es y no otra.

Stefan Zweig (1881-1942) analizó lo que llamó «misterio de la creación artística» y afirmó que no era importante el esfuerzo en producir una obra de arte, sino el proceso, de manera que el esfuerzo nunca es esencial; el Messias de Händel se terminó en 16 días, mientras que cualquier opera de Wagner necesitaba años de trabajo; Flaubert podía estar horas per acabar una sola frase, en cambio Balzac inventó una especie de taquigrafía para poder escribir más de 40 páginas al día.

Por lo tanto, ¿qué es el arte? Podríamos decir que el arte es la suma de las obras de arte, y éstas serían cualquier cosa que se haya realizado con una intención artística, mediante la libertad del artista quién es aquel que tiene conciencia de lo que está haciendo; por lo tanto el arte es una actividad esencialmente humana, hecha por el hombre y destinada a él, ya que la vida humana no es más que una producción de formas (espirituales, mentales o artísticas) que tienen una intención inicial imitadora, pero que finalmente se convierten en creación, ya que el arte siempre idealiza la imitación.


Lo que crea el arte es el artista y es él quien determina que es o que no es considerado arte; si hay una presencia de un autor y una conciencia, existe el arte. La vaca esculpida por el hombre enfurecido no es arte, pero si al observar el resultado lo reconoce como arte y lo muestra como una obra de arte, entonces se convierte en arte.  

Como conclusión, y parafraseando a Picasso, diré que el arte no es la verdad, a lo sumo es una mentira que nos hace ver la verdad, y por eso el artista debe saber cómo convencer al publico que sus mentiras son verdad.        

BIBLIOGRAFIA

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