El hombre blanco europeo es el principal causante de todos los males del mundo; fue el el principal colonizador, fue quien maltrató y esclavizó a los pobres e inocentes habitantes de otros continentes, siempre mira por encima del hombro al resto de los pueblos, es el causante de las muertes de aquellos que, huyendo de sus países, busca un futuro mejor, es quien inventó la esclavitud y es en definitiva, si pudiera, aquel que acabaría con el resto de la humanidad.
¡Paparruchas!

Los europeos somos humanos, al igual que los aborígenes australianos, un indígena amazónico, un pastor de las estepas de Mongolia o un pastor africano; por ello no somos ni peores ni mejores que ellos, y ellos no son peores o mejores que nosotros. No obstante, quien recibe la propaganda mediática y a quien se le cuelga el sambenito de malvado es el europeo. Opino, y es mi modesta opinión, que deberíamos hacer un ejercicio de limpieza general, aunque sea a costa de ensuciar el mito del buen salvaje, que es solo eso, un mito.
Es absurdo negar que no haya existido el genocidio indígena en América (tanto en América del Sur por los españoles como en América del norte al crearse lo que hoy es Estados Unidos). Es absurdo negar que existió, eso es evidente, pero la pregunta pertinente ¿esas tribus indias eran unos angelitos que vivían en armonía con la Madre Tierra antes de conocer al malvado hombre blanco? Pues va a ser que no. ¿Ellos se habrían comportado de igual modo (o peor) si se hubiesen girado las tornas? Pues va a ser que si.
Dejemos de lado los grandes imperios hallados por los españoles (aztecas, mayas e incas), pues de ellos sabemos lo suficiente como para ser conscientes que no eran “hermanitas de la caridad”. En cambio es un ejercicio interesante centarnos en los indios de Norteamérica (que en tantas películas e historias han sido masacrados por los rostros pálidos); pero primero deberíamos preguntarnos es ¿de qué indios hablamos? ¿de qué tribu?
Con independencia de las luchas con españoles, ingleses, franceses, estas tribus estaban casi permanentemente en guerra entre ellas: los apaches son llamados así porque sus vecinos zuni se referían a ellos con la palabra «apachu» que significa enemigo. Los iroqueses se llamaban a si mismos nadowa, pero los algonquinos (la tribu vecina) los llamaban mengwe (o sea, enemigos); los sioux mantenían una guerra constante contra los Cree; los navajos, nómadas, eran los enemigos tradicionales de todas las tribus sedentarias de su entorno; los comanches se denominan así debido al término kumantsi, el nombre por el que los conocían sus vecinos utes (si, lo adivináis, significa enemigo); los bannock tenían expediciones periódicas para cazar bisontes en verano y para luchar contra sus enemigos tradicionales los blackfoot, y éstos les esperaban para matarlos y robarles las presas…
El problema de convertir los indios en unos seres bondadosos que amaban la tierra hace que todos los demás se conviertan en una especie de demonios que sólo quieren destruir el entorno, y aquí llegamos a la famosa carta del Jefe Seattle.
Esta carta, repetida hasta la saciedad, no es más que la versión norteamericana del pensamiento indio, pero es una auténtica falsedad, pues el pensamiento indio no es lo que nos transmite la presunta carta.
Si hacéis una búsqueda por internet encontrareis infinidad de versiones de esta carta y multitud de dibujos acaramelados de un jefe indio —con sus plumas y todo— mirando hacia lontananza mientras los bisontes pastan en paz. Nada de ello es real. Si leéis la carta con ojos críticos veréis que las contradicciones, anacronismos y hechos que aparecen en el texto que no podían haber sido dichos por ningún indio, sobre todo porque ni los conocía, ni formaban parte de su cultura.
El texto de la carta habla de bisontes, pero Seattle era jefe de los Duwamish, que vivían en el actual estado de Washington, y allí nunca habían visto bisontes (la tribu se dedicaba principalmente a la recogida de mejillones). Pero además de no haber visto nunca un bisonte, tampoco podía haber visto cómo los mataban desde un tren como dice en el presunto escrito, pues el Northern Pacific llegó a la zona alrededor de 1872 (el jefe Seattle murió en 1866), por tanto ni había visto nunca un tren, ni sabía qué era.
La leyenda del Jefe Seattle nos dice que este escrito iba dirigido al Presidente de Estados Unidos, pero en realidad era un discurso ante un millar de personas de su tribu que se habían reunido para saludar al representante del gobierno de los Estados Unidos.
El discurso se pronunció en 1854, y fue recogido por un tal Dr. Henry A. Smith; el problema es que el discurso fue pronunciado en Lushootseed, el idioma que hablaba el Jefe Seattle, lengua que el Dr. Smith no conocía. Sin duda podrían haberle traducido pedazos, pero lo curioso del caso es que el Dr. Smith no lo transcribió hasta 32 años más tarde, en 1887.
En 1887, el mismo Smith reconoció que trasladó el estilo del discurso del Jefe Seattle a un lenguaje más cercano por los lectores, pero no nos dice que, además del estilo, trasladara también el texto. Tampoco importa mucho, pues este no es el texto que hoy conocemos. Actualmente circulan dos versiones, la que hizo William Arrowsmith en los sesenta y la que escribió en los ochenta el guionista de cine Ted Perry, en la que convierte al Jefe Seattle en una especie de ecologista avant la lettre.

Resumiendo, se trata de un texto de un guionista de cine especializado en películas sobre ecología, que además es texto edulcorado y falso. Me recuerda el conocido libro Los Papalagi, escrito por Erich Scheurmann, y que pasa por ser una recopilación de los discursos del jefe samoano Tuiavii de Tiavea, donde habla de su visita a Europa y lo que vio allí.

Los Papalagi es un libro es divertido, la crítica es feroz, las ilustraciones de Joos Swarte son geniales, pero no es lo que quiere ser. Es una obra literaria, no un tratado etnográfico «al revés». Es una obra a obra ficticia, pues no hay pruebas de que tales discursos hayan sido nunca pronunciados, y el autor de los mismos parece haber sido el propio Scheurmann (el problema es que las ediciones actuales no aclaran este aspecto y hay infinidad de gente que se creen el texto y lo promocionan como un panorama de la cultura occidental desde el punto de vista de un inocente samoano. En realidad, algo similar ocurre con el discurso del Jefe Seattle, con una diferencia: Erich Scheurmann no quiso engañar a nadie y siempre afirmó que lo suyo era una obra literaria, mientras que con la carta del jefe Seattle nos quieren engañar a todas horas.
Pero, dejemos de momento a los indígenas americanos y vayamos a África. Desde hace décadas ha surgido un movimiento llamado afrocentrismo para contraponerse al malvado eurocentrismo que tantos males ha causado al continente africano. Su intención inicial era equilibrar los agravios provocados por el eurocentrismo, pero con los años se ha convertido en una especie pseudo-historia racista, según la cual los africanos han sido los depositarios de toda la filosofía occidental, y la cultura clásica griega no es más que una imitación de la cultura que existía en África (no han llegado a afirmar que Sócrates y Platón fueran africanos, pero si afirman que lo que dijeron estaba copiado/inspirado en pensadores africanos).

Seamos sinceros, si la humanidad en su conjunto ha avanzado no ha sido gracias a los sistemas políticos, pensadores, científicos o filósofos africanos, asiáticos o amazónicos; ha sido gracias a los pensadores occidentales (y me refiero como occidental no la hombre blanco europeo, sino a cualquier ser humano del mundo que tenga una cultura europea).
La democracia no se ideó en África o América, se ideó en Grecia, y claro está que no era como nuestra pero su sistema político estaba muy alejado de otras sociedades de su época (siglo V a. de C.), y estoy pensando en el imperio Persa, Egipto, el imperio chino o los olmecas mexicanos.
¿Y los derechos humanos? ¿Son una invención de una tribu keniata? No, tienen su origen en la declaración de Virginia de 1776 y la Declaración de los Derechos del hombre de 1779.
¿Qué más ha ayudado a la humanidad sin importar su credo, color de piel o cultura? ¿la Cruz Roja, por ejemplo? Pues ésta se creó en Europa, a consecuencia de la Batalla de Solferino en 1863. Estoy convencido de que los Derechos Humanos sólo podían originarse en una sociedad como la europea, educada en el escolasticismo, la ética y moral medieval, el cristianismo, la ilustración, el libre pensamiento y la cultura grecorromana. No habrían aparecido nunca en una cultura animista, por ejemplo.
Pero claro, habrá quien dirá que la cultura europea actual no es la medieval, una época de oscuridad y superstición enfrentada a la cultura árabe, que tanto aportó a la humanidad…
No podemos dejar de reconocer que la Europa del siglo XII obtuvo conocimientos de la civilización islámica, pero estos conocimientos los musulmanes los obtuvieron de textos de Aristóteles que llegaron a ellos a través de monjes nestorianos que vivían en la zona de Palestina y Siria por un lado y de los antiguos volúmenes conservados en Bagdad por otra…. o sea que se iniciaron en Grecia y después de los siglos volvieron donde nacieron: se cerró el círculo.
No digo que durante aquellos siglos no hubiera un renacimiento de la cultura y la ciencia en el mundo árabe (que así fue) pero no fue tan diferente de lo que hay que en Europa en la misma época, donde estaban las universidades, Tomás de Aquino, Ramon Llull, Alberto Magno, Dante, Giotto, Chaucer o Nicolas de Cusa.
Esa época dorada islámica desapareció de la misma manera que se inició, mientras que en Europa continuó el progreso científico y cultural y gracias a ello hemos tenido un Newton, un Fleming, un Jenner o un Watt, y cada uno de ellos en su campo han colocado un grano de arena en el cúmulo de la felicidad y el progreso humano (humano europeo, asiático, africano o americano, ya que el humanismo, como no podía ser de otra manera, también es una cualidad de la cultura occidental).
El Eurocentrismo no existe, en cualquier caso será etnocentrismo, y todos los pueblos son etnocéntricos. Todos piensan que su manera de actuar es la única correcta y las razones que aportan son las mismas que aportamos nosotros. Si leemos Geertz (La interpretación de las culturas) descubriremos que en Java la gente afirmaba que ser humano y javanés es el mismo, por lo que un niño pequeño, un loco o un extranjero son unos adurung djawa («aún no javanés»). Los adultos sanos, responsables, perfectamente integrados en la sociedad son sampundjawa («ya Java-nés», es decir, ya humano), y evidentemente para los javaneses no todos los modos de ser humano son igualmente admirables, ya que muchos de ellos, por ejemplo los chinos, son profundamente despreciados.
En Tunrbull (La gente de la selva) leemos que los pigmeos de la tribu Mbuti se referían a las tribus vecinas como «animales» y, evidentemente, estos no podían ser considerados verdaderas personas, por tanto matarlos no estaba prohibido; el problema es que ellos tampoco eran considerandos humanos por sus vecinos.
La felicidad de la humanidad, su progreso, sus avances técnicos, médicos, científicos, el hecho que hoy en día vivamos muchísimo mejor que nuestros padres, abuelos o bisabuelos, ha sido gracias a la cultura occidental, al humanismo europeo, a los avances científicos producidos en este continente o por personas con cultura eminentemente europea. Todo lo demás son brindis al sol.






