Sócrates murió envenenado y, si nos creemos lo que nos cuenta la tradición, hasta el último momento estuvo charlando tranquilo con todos los que le rodeaban, bromeando, discutiendo como si fuera una tarde cualquiera y no el día de su muerte.
Esto realmente es extraño, ya que si fue envenenado con cicuta (como también nos cuenta la tradición), la muerte suele ser muy dolorosa. Por tanto, tenemos dos opciones, o bien no estuvo tan tranquilo o bien el veneno no era simplemente cicuta, sino que estaba mezclada con otras sustancias como el opio.

Puede parecer un sistema cruel, pero evidentemente le estaban haciendo un favor, pues este tipo de ejecución era mucho mejor que otras variantes usadas para criminales o esclavos: habitualmente una variante de crucifixión.
La muerte por cicuta era en realidad un suicidio forzado, estaba reservada a unos pocos, aquellos que por su categoría o importancia no merecían perder el honor con una ejecución pública. Debido a su trayectoria, relevancia política y filosófica, influencia y familia, Sócrates solo podía ser condenado a ese tipo de ejecución.
Hay quien, incluso, encuentra en esta muerte una especie de karma fatídico, pues leemos en La Diosa Blanca de Robert Graves que Sócrates, por culpa de su homosexualidad intelectual (el llamado amor socrático), recibe una especie de venganza de la Diosa Luna bajo la forma de la cicuta, ya que esta planta está consagrada a ella cuando la diosa adopta la forma de Hécate. Evidentemente, esto no son más que elucubraciones a posteriori, vistas bajo un prisma bastante parcial, como suele hacer Graves.

Pero, en realidad ¿por qué fue encarcelado Sócrates? ¿Cuál fue la razón de su juicio? En el momento de su muerte hacía cuatro años (403 aC) que la democracia se había restaurado en Atenas y la sociedad estaba harta de la época anterior, caracterizada por el hambre, la crisis, la guerra y la anarquía.
El proceso de Sócrates no es un hecho aislado, en realidad es uno más de los seis o siete juicios que tuvieron lugar en un período corto de tiempo y todos ellos condenaron a personajes que habían sido importantes unos años atrás. La intención siempre era cerrar heridas, empezar de nuevo, que «desaparecieran» aquellos que habían tenido poder en los años anteriores, etc.
En su caso concreto, Sócrates recibió una doble acusación: no reconocer convenientemente los dioses de la ciudad (impiedad) y corromper a la juventud con sus enseñanzas.
Sócrates aceptó las dos acusaciones, aunque tenía una alternativa: huir. Él podría haber huido perfectamente, tenía la capacidad y la oportunidad; pero si se hubiese refugiado en beocia (donde lo habrían recibido sin problema) habría significado que él (justamente él) no estaba aceptando las leyes de su patria. Ante la disyuntiva prefiere quedarse y morir.

Sin embargo, la verdad es que esto no responde exactamente la pregunta de por qué es encarcelado Sócrates. Él era una figura controvertida; tenía discípulos y amigos que habrían dado la vida por él, pero también muchos lo consideraban un personaje ridículo y una especie de bufón. Era crítico con la sociedad y esto molestaba a las clases biempensantes; dudaba de la democracia ateniense y consideraba que muchos políticos no merecían sus cargos. Además, el método socrático, consistente en preguntas que buscan mostrar la incongruencia o la lógica de una afirmación, era profusamente utilizado por los jóvenes atenienses y eso trastocaba el orden establecido (de ahí la excusa sobre la corrupción de la juventud), aunque la verdad, seamos sinceros, eran todo excusas, lo que se buscaba era castigarlo a él por los discípulos que había tenido, sobre todo dos de ellos: Critias y Alcibíades.

¿Y la religión? ¿Qué pasa con la acusación de impiedad? Él creía en el daimon o espíritu personal, y esto iba en contra de la imagen de un dios más general. Además, Sócrates decía algo que puede parecernos de sentido común, pero que también es una causa suficientemente importante como para ser condenado (en la Atenas clásica, en la edad media europea, en la América puritana o en el Afganistán de hoy en día); Sócrates decía que las buenas obras o las virtudes son más importantes que el culto a los dioses.
Visto todo lo anterior, el título del artículo podría ser «la muerte de Sócrates», pero curiosamente lo he llamado «el gallo de Sócrates»; ¿por qué? ¿Dónde está el gallo? ¿Cuándo aparece en esta historia?
Una de las últimas frases que pronuncia Sócrates, según nos cuenta Platón en el Fedón, es «Critón, le debemos un gallo a Asclepio. Así que págaselo y no lo descuides«.

El texto de Platón dice exactamente: «Él paseó, y cuando dijo que le pesaban las piernas, se tendió boca arriba, pues así se lo habían aconsejado. Y al mismo tiempo el que le había dado el veneno lo examinaba cogiéndole de rato en rato los pies y las piernas, y luego, apretándole con fuerza el pie, le preguntó si lo sentía, y él dijo que no. Y después de esto hizo lo mismo con sus pantorrillas, y ascendiendo de este modo nos dijo que se iba quedando frío y rígido. Mientras lo tanteaba nos dijo que, cuando eso le llegara al corazón, entonces se extinguiría.
Ya estaba casi fría la zona del vientre cuando descubriéndose, pues se había tapado, nos dijo, y fue lo último que habló:
-Critón, le debemos un gallo a Asclepio. Así que págaselo y no lo descuides .
-Así se hará -dijo Critón-. Mira si quieres algo más.
Pero a esta pregunta ya no respondió, sino que al poco rato tuvo un estremecimiento, y el hombre lo descubrió, y él tenía rígida la mirada. Al verlo, Critón le cerró la boca y los ojos.”
Era costumbre sacrificar gallos a Asclepio cuando alguien se curaba de una enfermedad, ya que este animal le estaba consagrado (sin duda a consecuencia de su costumbre de dormir poco, pero también porque representaba la victoria de la luz sobre la noche, equivalente a la salud sobre la enfermedad).
Pero, ¿Cómo podemos entender esta frase? Realmente, ¿Qué quiere decir Sócrates? Es imposible saberlo, hay tantas versiones como autores.
Hay quien dice que Sócrates recuerda una enfermedad de la que se curó y no lo agradeció en su momento a Asclepio.
Hay quien dice que Sócrates ofrece el gallo para la salud de Platón.
Hay quien afirma que Sócrates se ríe del mundo.
También se dice que quiere demostrar que su acusación de impiedad no era cierta.
O que delira por los efectos del veneno…
Incluso hay quien afirma que el dios Asclepio había curado a Sócrates de la peor enfermedad de todas: la vida.
Todas pueden ser correctas (algunas más que otras), aunque me arriesgo a pensar que la última no es más que un desvarío poético. ¿Podemos considerar la vida como una enfermedad? Sin duda es una metáfora propia de Karinthy, quien decía en su maravillosa novela Viaje a Faremidó que los dosiré (los seres humanos, o sea materia orgánica), intoxican a unos seres puros llamados Solasi (materia inorgánica). El dosiré, por extensión, la vida tal como la conocemos, es, ni más ni menos, una enfermedad.
En fin, Entonces, ¿el gallo es una ironía o una deuda real? Difícilmente podremos aclararlo, pero sin duda la frase no es trivial, ya que está escrita por Platón muchos años después de la muerte de su maestro; si fuera trivial, ¡¿a qué venía recordarla?!
Ignoramos si realmente la pronunció o si se refería a la curación de alguien en concreto (o de sí mismo), pero el hecho de que Platón la transcribiera solo puede significar una cosa: a pesar de ser condenado por impiedad, Sócrates aún recordaba los dioses tradicionales y quería cumplir con todas sus obligaciones antes de morir.
Al aceptar la muerte sin huir, aceptaba las leyes atenienses, por tanto, desmontaba la acusación de corromper a la juventud; al nombrar el gallo y a Asclepio, cumplía con sus obligaciones religiosas, por tanto, desmontaba la segunda acusación.

¿Tenemos que tomar, pues, a Platón al pie de la letra? No fue el único autor clásico en tocar el tema; antes que Platón fue Lisias (458-380 aC), conocido escritor de discursos y uno de los oradores judiciales más reconocidos de su época.
No queda demasiado claro quién escribió la segunda versión del juicio; hay quien afirma que fue Jenofonte (431-354 aC), aunque él no estuvo presente en el proceso, en cambio, Platón (427-347 aC) sí lo estuvo; por eso hay quien cree que la de Platón era anterior a la de Jenofonte, y este la escribió como protesta por las libertades tomadas por Platón en la suya. Complicado decantarse por una o por la otra. Lo único que queda claro es que fueron posteriores las de Teodectes de Faselis (? -335 aC), Demetrio Falereo (350-282 aC), Plutarco (46 o 50-120 dC) o la ya muy tardía, de Libanio (314 -394 dC).
He indicado antes que la acusación de impiedad puede negarse gracias al episodio del gallo; pero, ¿basta con eso? ¿Realmente Sócrates podía ser considerado impío? ¿Cuál era su religiosidad?
Podemos decir que Sócrates tiene tres religiosidades: la real, la que sus contemporáneos, le suponían, y la que le atribuyeron los filósofos y estudiosos posteriores. Sabemos que Sócrates era medianamente piadoso, seguía las normas y practicaba los rituales habituales que se acostumbraban a seguir en el devenir diario, al menos es lo que nos cuenta Jenofonte. ¿Esto significa que podía considerarse un hombre religioso? No está tan claro, al menos su visión religiosa no era muy ortodoxa, y según lo que indicaban sus contemporáneos no respondía al modelo del común de los ciudadanos atenienses.
Ya hemos dicho que su idea del daimon chocaba con la costumbre habitual; además, para Sócrates, un dios era un ser que solo podía hacer el bien, en cualquier circunstancia, y esto parecía descartar automáticamente la mayoría de las divinidades griegas.
Su tercera religiosidad es la que le atribuyen, siglos más tarde, los estudiosos. Por ejemplo, los filósofos cristianos del Renacimiento consideran Sócrates como si fuera un cristiano antes de Cristo, de alguna manera el precursor de la doctrina salvadora debido a las coincidencias que presenta su moral, el presunto monoteísmo, la inmortalidad del alma y, claro está, su muerte.

donde aparecen Walt Whitman, Jesús i Sócrates
En realidad, estos filósofos cristianos olvidan que todos estos conceptos estaban presentes en Sócrates, pero también a la propia religión helénica, las concepciones dionisíacas y órficas y en muchos conceptos filosóficos anteriores a Sócrates.
Olvidando todo esto, el planteamiento de los estudiosos afirma que estos conceptos aparecieron a Sócrates como si hubiera sido el primero en proponerlos, por eso Leonardo Bruni lo consideró el filósofo más grande que ha existido, Basilio Besarion tradujo la apología de Jenofonte para mostrar en occidente las virtudes socráticas y Marsilio Ficino, incluso, se atrevió a compararlo con Jesucristo.
El cristianismo reclama el beneficio de todo lo bueno anterior a él: Toda verdad es cristiana, y esto incluye a Heráclito, los estoicos y, evidentemente, a Sócrates, de quien se afirma que conoció parcialmente a Cristo antes que este naciera, gracias al uso de la razón.
Justino el Mártir (siglo II) decía que hay dos tipos de profetas, aquellos que lo son porque conocen la palabra de Dios (los profetas de los que nos habla la Biblia) y los que lo son sin acabar de saberlo, porque no tienen conocimiento total de la Verdad (los filósofos griegos).

El último que observó este aspecto en Sócrates fue Erasmo, que hizo que uno de los personajes de sus Coloquios dijera (medio en serio / medio en broma): «San Sócrates, ruega por nosotros«.
Erasmo fue de los últimos en verlo así, ya que Montaigne, Voltaire, Diderot o Rousseau, sin dejar de admirarlo, lo consideraban más una víctima del fanatismo y la hipocresía que un verdadero cristiano «avant la lettre«.
Pero, a pesar de todo lo anterior, la pregunta principal sigue siendo, ¿hasta qué punto son verdaderos los motivos por los que se le condenó? Pues lo son, ya que él mismo los aceptó. Otra cosa es que la ley en que se basó la acusación fuera injusta, que es muy posible, pero el juicio fue conforme a las leyes vigentes, y la condena también. No hubo nada anormal en el juicio.
¿Y cómo fue el juicio? La acusación la hicieron tres ciudadanos, el arconte avisó al acusado para que se presentara ante los jueces y estos fueron elegidos por sorteo, según la costumbre. Sócrates tuvo que enfrentarse a 500 jueces y el resultado fue bastante ajustado: 280 contra 220.

Hasta aquí todo correcto, el problema llegó cuando se tuvo que elegir el castigo. Platón aventura que el hecho de no pedir perdón y de tomarse el juicio a la ligera hicieron que entre las diferentes sentencias posibles (todo habría podido solucionarse con una multa) se eligiera la propuesta del acusador: la pena de muerte.
Se hizo una segunda votación y el resultado fue 360 contra 140 a favor de la muerte. Sin duda, los mismos jueces esperaban que huyera, pero como ya he dicho más arriba, esto habría significado que él no reconocía las leyes de su patria y por coherencia con su filosofía, esto era algo que no podía aceptar.
Pero, vuelta a empezar: ¿Tenían razón las acusaciones? Se ha escrito mucho y hay opiniones contradictorias. Ya hemos dicho que la acusación de impiedad era real, ya que su «religiosidad» no se correspondía con la de la mayoría de la población, que era profundamente religiosa, por no decir supersticiosa.
Por otra parte, esta acusación puede relacionarse perfectamente con motivos políticos: Las consecuencias de la guerra del Peloponeso aún eran una realidad, las luchas políticas de la oligarquía ateniense estaban a la orden del día, la visión de la democracia de Sócrates no era la que se consideraba adecuada en ese momento. Además, el hecho de que Critias ya hubiera muerto y fuera declarado un enemigo de la democracia, perjudicó a Sócrates, ya que él era considerado el responsable de su formación intelectual (y la de Alcibíades también, no lo olvidemos).
Así pues, su condena era una manera de empezar de nuevo, castigar a los que representaban la vieja política y poder decir que ninguno de los que habían llevado a Atenas al acantilado en el que se encontraba podría huir sin recibir su castigo

Pero, y para terminar, ¿Quién salía beneficiado? Es complicado decirlo, ya que muchos de los argumentos anteriores tampoco son lo suficientemente firmes. Sócrates había roto con Critias y los tiempos de Alcibíades estaban lejanos… pero el hecho de que estos dos personajes fueran discípulos suyos era suficiente como para que la clase intelectual ateniense se viera excluida de las enseñanzas socráticas.
Tenemos otro detalle muy importante: uno de sus acusadores era Anitos. Este fue desterrado durante el gobierno de los treinta tiranos y su hijo prefirió quedarse en Atenas como discípulo de Sócrates en lugar de partir con su padre en el exilio. El hijo murió alcoholizado y sin duda Anitos nunca perdonó a Sócrates. ¿Este es el origen de todo? ¿Rencillas, cocidas y discusiones particulares? ¿Del odio de un acusador a la chulería y burla ante el jurado de un acusado? Lo ignoro, pero mucho me temo que fue así.
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