El rey es la base de la civilización, es quien aglutina la seguridad, la paz y cualquier forma de vida civilizada; la frase «un pueblo sin rey es un pueblo salvaje» podría ser el primer mandamiento de los imperios y culturas que se desarrollaron en Oriente Próximo. La vida humana, sin embargo, está relacionada con la naturaleza, de tal manera que una no puede vivir sin la otra; por ello, este rey tenía además una función primordial: Hacer de intermediario y mantener la armonía entre el pueblo y las divinidades.
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| Busto de Menes |
Estas diferencias, ¿a qué son debidas?
A pesar de que el faraón egipcio y el rey mesopotámico son muy diferentes, sus diferencias son escasas cuando las comparamos con cualquier rey de Israel. ¿Cuál es la razón? La existencia misma de la Biblia es una de las razones, el poder de los sacerdotes de Yahveh es otra y, según algunos autores, también lo es el destierro babilónico.
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| El exilio babilónico (Tissot, 1896-1902). |
Además, los reyes egipcios y mesopotámicos muestran entre ellos otra diferencia esencial: La palabra mesopotámica más antigua para referirse a un rey es lugal, que significa en sumerio “gran hombre”, y esto nos define claramente su papel. Esta es la diferencia de ser gobernados por un dios o por un hombre: en Egipto todo funcionaba perfectamente, porque un dios encarnado hacía que la naturaleza mantuviera el orden, en cambio, en Mesopotamia siempre había una inquietud que lo recubría todo, pues un rey, por muy poderoso que fuera, seguía siendo hombre y ¿cómo puede un hombre tener claros los deseos de los dioses? Interpretar mal tan solo uno de ellos, podía originar una catástrofe.
¿Realmente es necesaria la realeza? ¿Ofrece al pueblo algo deseable?
Sea cual sea el pueblo estudiado, el rey siempre es necesario (podríamos decir que incluso imprescindible). Las estaciones vienen y van cada año y alguien debe regularlas. En Egipto, los festivales estacionales presididos por el faraón servían para confirmar lo que todo el mundo ya sabía: que todo estaba en orden y así seguiría. En el mundo mesopotámico, los mismos festivales presididos por el rey servían para quitarse de encima, aunque fuera por un momento, el sentimiento de miedo. ¡Los dioses nos han dado una nueva oportunidad! ¿Y en Israel? Yahveh ya se encarga de todo esto, el rey no es necesario para mantener el orden o para gestionar los deseos divinos. Su papel puede ser bélico o incluso puede actuar de juez, pero el rey no ha de interpretar los deseos del dios, pues ya están los omnipotentes profetas para hacer este trabajo.
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A pesar de estas diferencias, hay algo que une las tres historiografías: Éstas nunca son objetivas, pues cualquier inscripción, crónica, imagen, escultura o texto es arquetípico, en el sentido de que no refleja casi nunca lo que pasó, sino lo que debería haber pasado. La magia está presente, se percibe al fijarnos en los monumentos que parecen no tener ningún destinatario concreto (inscripciones en la cimentación de los edificios o monumentos en lugares inaccesibles). La razón es simple, no son propaganda, aunque a nosotros nos lo parezcan, estas inscripciones valían per se, pues el hecho mismo de existir y proclamar lo que proclamaban, hacían que su contenido se realizara.
¿Cuál es la concepción del tiempo y
Todo lo que he enumerado anteriormente se basa en la concepción que estos pueblos tenían del tiempo, entendido como período mítico donde se desarrolla su historia y se mueven sus dioses y héroes. Las categorías de tiempo y espacio en el discurso mítico no son las categorías del discurso histórico. En el pensamiento mítico todo es entendido como una sucesión de períodos determinados, pero que terminan siendo cíclicos. El mito dilata el tiempo ordinario, mientras que el rito acerca el tiempo mítico a la esfera más profana de la vida.
Lévi-Strauss ya dijo que dentro del tiempo mítico o cíclico, no podemos referirnos al pasado y al futuro como hitos cronológicos sucesivos, con el presente como punto medio entre ellos. El mito no transcurre en el pasado, sino en un tiempo diferente al lineal. El tiempo cíclico es un elemento de seguridad, que nos demuestra el orden del universo, pues el rey (o el faraón o el sacerdote) puede, mediante una serie de ritos, conseguir que este orden se mantenga, por eso su papel es absolutamente esencial.
En Egipto se distingue entre tiempo sagrado cíclico (neheh) y tiempo lineal (Djet). El neheh es el eterno retorno; el Djet es la permanencia y la duración. En ninguno de los dos hay lugar para la historia.
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