La Caída del Imperio Romano

Hay un fragmento muy interesante en la película La Caída del Imperio Romano (1964, Anthony Mann), en el que vemos como el victorioso general Marco Livio (Stephen Boyd), después de proponer a los bárbaros que acepten la ciudadanía romana, se dirige al Senado para convencer a los senadores de la idoneidad de la propuesta. Su pretensión es discutida por Julianus (Eric Porter). Vista la oposición, Marco Livio, que reconoce no ser un gran orador, da paso a Timònides (Charles Mason) que inicia un discurso a pesar de ser rechazado inicialmente, ya que se trata de un ciudadano de origen griego.  

Timònides ejemplifica la situación explicando que él es maestro y, como maestro, sabe que, si por centésima vez un alumno no entiende la lección, o bien hay un grave error en la lección o en el maestro. Este ejemplo lo utiliza para justificar que, con la fuerza no se consigue nada («El fuego se apaga, la esclavitud se perdona, y las cruces se olvidan. ¡Pero lo que no muere jamás es el odio que sembramos!»). ¿Cuál es la solución que propone? La Paz.

Timònides continúa su discurso y aconseja dar tierras baldías a los bárbaros para que las cultiven como hombres libres; a continuación discute con otro senador, de nombre Níger (Douglas Wilmer), y le propone compartir con los bárbaros la ciudadanía para que así «…enseñar al mundo que Roma ha aceptado la igualdad y solo así habrá paz en todas nuestras fronteras. La Pax Romana prometida por Marco Aurelio».

En ese momento, el emperador Cómodo (Christopher Plummer) interviene en boca de Julianus, afirmando que si Roma es grande, lo es gracias a la fuerza; que millones de vándalos están esperando el momento para aniquilarlos y, por ello, no pueden descuidarse. Es en este punto cuando aparece otro senador (Finlay Currie), que afirma que es ley de vida crecer y morir, pero nadie quiere morir y, por eso, deberían abrir las puertas del imperio antes de que sean derribadas. Este senador termina con una propuesta que es recibida con aclamaciones por parte de los senadores: «...hagamos más fuerte y poderoso nuestro gran Imperio. Acoged a esos hombres y que crezca el corazón romano. Honorables Senadores, hemos cambiado el mundo, cambiemos también nosotros. Sí, se impone un cambio. ¡No más guerras! ¡Paz Romana! ¡Paz Romana!«.1 

La propuesta de incluir la romanitas en el corazón de todos los habitantes del imperio parece prosperar al terminar la escena y el emperador, suponemos abrumado por la euforia de los senadores, calla y otorga.

Ahora bien, ¿qué hay de cierto en todo esto? Si nos basamos en este fragmento, podríamos suponer que el emperador Cómodo estaba sometido a las decisiones del Senado y que Roma era una especie de democracia representativa (en el fragmento se oye al senador decir: «…vosotros, Senadores, el alma de Roma, por vuestra boca habla el pueblo. ¡Hablad!«). También podríamos deducir que, a partir de ese momento, Roma deja su política expansionista y concede la ciudadanía a los bárbaros que están a punto de cruzar los limes del imperio.

Todo lo que aparece en estos diez minutos de película no es del todo real; a pesar de que durante el reinado de Cómodo la iniciativa bélica devino netamente defensiva, éste no tomaba decisiones influido por el Senado, en realidad se dedicó a humillarlo a lo largo del su corto reinado y dejó bien claro que los senadores le debían obediencia ciega.  

A pesar de que el senador afirme que habla en nombre del pueblo, el Senado no era la representación del pueblo romano; siempre hubo una separación clara entre la voz del pueblo y la del Senado; ambos estaban asociados (la idea expresada en las siglas S.P.Q.R. «Senatus Populusque Romanus«) pero claramente separados. Además, en época de la dinastía Antonina, el Senado subsistía muy debilitado, casi sin miembros de la antigua aristocracia italiana y con más de la mitad de sus miembros provenientes de las provincias orientales (por eso también es una incongruencia pues, cuando Timònides toma la palabra, es criticado por ser griego, cuando muchos de ellos sin duda también lo eran).  

¿Y la paz? ¿En tiempos de Cómodo se concede una ciudadanía romana universal, tal como podemos deducir de la película? En realidad tampoco es así; si bien, una vez muerto Marco Aurelio, Cómodo negoció la paz con los marcomanos, esta decisión no contaba con el apoyo del Senado, ya que, como afirma Dion Casio, Cómodo fácilmente los habría vencido y el tratado era claramente desfavorable para Roma. Justo lo contrario de lo que aparece en la película.

En este fragmento, curiosamente, es Timónides (el griego, el antiguo esclavo, el extranjero) quien mejor representa las cualidades romanas, es decir, la formación (disciplina), el autocontrol (severitas), la responsabilidad (gravitas) y la firmeza (constantia). El humanismo de Timònides enfrenta al deseo de dominar con sangre y fuego de Julianus y Níger (y suponemos que también de Cómodo).  

Otro detalle: el dato aportado por el fragmento de película en que se habla de la ampliación universal de los derechos de ciudadanía, no es realmente una falsedad, ya que siempre se utilizó la ampliación de derechos como herramienta de romanización cultural y jurídica. Con la dinastía Julio-Claudia ya se inició su uso de manera bastante eficiente, aunque fue con Flavios y Antoninos cuando se convirtió en la herramienta principal de romanización.


Vespasiano, en un edicto del año 73/74, concede el ius latii a los peregrini de Hispania. Puede afirmarse que, para Vespasiano, este proceso de concesión de ciudadanía fue algo irreversible, incluso podríamos suponer que tenía la pretensión de que Hispania solo sería un primer paso de un proceso que llevaría a conceder la ciudadanía a todo el imperio.  

Pero la película habla de Cómodo, que reinó del 180 al 192, y da a entender que entonces la ciudadanía se extiende a todo el imperio (o al menos esa es la intención de los senadores), hecho que no es cierto.

Adriano, otro miembro de la dinastía Antonina, concedió la ciudadanía a los miembros de las asambleas municipales de provincias y amplió los privilegios de las élites helénicas promocionándolas al Senado y Marco Aurelio propuso establecer una especie de fronteras humanas, integrando de forma pacífica los pueblos germanos a la civilización romana. Pero, ¿y Cómodo? En realidad no fue hasta la dinastía de los Severos, con la Constitutio Antoniana del año 212 de Caracalla cuando todos los habitantes libres del imperio acontecieron ciudadanos romanos.

El problema es que pronto lo que significaba la ciudadanía fue casi nada, ya que, si bien implicó una adopción universal del derecho romano, o sea, una misma ley para todo el imperio, no desaparecieron los estatutos jurídicos particulares. El hecho que estos derechos locales se mantuvieran dentro del derecho romano universal sin duda fue debido a que el decreto de Caracalla estaba pensado para producir unos efectos inmediatos y no futuros, aunque esto no tiene mucho sentido si la pretensión era recaudar impuestos, lo lógico sería en este caso mantener permanentemente la ciudadanía.  

En fin, que la película quiere explicar unos hechos acaecidos a lo largo de décadas y nos los muestra como si estos hubieran sucedido en un periodo muy corto de tiempo. No fue Cómodo, pero la ciudadanía universal acabó llegando y produjo un efecto no deseado: se convirtió en una vulgarización de la misma, ya que al generalizarse ya no era algo a obtener para mejorar un estatus.

Curiosamente, a medida que el cristianismo fue creciendo en influencia produjo una degeneración del concepto hasta que se llegó al punto de qué ciudadano era aquel que estaba bautizado, por lo que un derecho que fue creciendo y concedido a más y más gente a lo largo de los siglos, a partir de cierto momento, volvió a reducirse por razones políticas, excluyendo grandes grupos de habitantes del imperio de la ciudadanía, simplemente por el hecho de no pertenecer a la religión oficial.

BIBLIOGRAFIA

  • ANDRADES, Eduardo (2008). «La ciudadanía romana bajo los Flavios y Antoninos». Revista de estudios histórico-jurídicos, n. 30, p. 47-80
  • BAKER, Simon (2009). Roma, auge y caída de un imperio. Crítica.
  • GRIMAL, Pierre (2016). El imperio romano. Crítica
  • ROLDAN, José Manuel (1999). «La caída del imperio romano». A: UROZ, José (ed.). Historia y Cine. p. 10-62. Universitat d’Alacant

1 Es interesante comparar este discurso con el de Claudio que a aparece en Toc Toc, ¿Quién es? Los Bárbaros

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