El Barroco, un movimiento global

¿Qué es el barroco? ¿Sólo es aquello que se conforma a prtir de sus diferencias con otros movimientos artísticos o es algo más?

El siglo XVII es el siglo del barroco o, dicho de otro modo: el barroco es el estilo de arte que representa mejor el siglo XVII. En realidad esta definición parece una boutade del estilo de «jazz es lo que hacen los músicos de jazz», pero en realidad es la mejor aproximación que tenemos a este estilo global que se desarrolló durante casi cien años, partiendo de la revolución del manierismo y desembocando a los placeres mundanos del rococó.

Et in Arcadia ego (1638). Nicolas Poussin

No me atrevo a definirlo según lo que no es (siempre es más fácil hacerlo así), ya que, siempre que puedo, tengo presente aquella definición de lo bello que usó Winckelmann, en Lo bello en el arte, cuando dijo que “podría decirse de la belleza lo que Cotta sostiene de Dios, al referirse a Cicerón: es más fácil definir lo que no es, que describir lo que es«.

Por tanto, y midiendo cada palabra, me atrevo a decir que el sentido peyorativo que tuvo el barroco en un principio (similar al que tuvo en sus inicios el gótico), una vez pasado el tiempo desapareció y por ello puede ser definido, como lo hizo Weisbach, como el arte de la Contrarreforma, aunque sin duda reducirlo a eso es dar un papel predominante a Italia, un papel que en realidad no tuvo. Pese a todo Weisbach tiene razón en que la imagen barroca (siguiendo las directrices del Concilio de Trento) se compone de misticismo, ascetismo, heroísmo, erotismo y crueldad a partes iguales.

Otros autores, como Wiëtor, lo consideran la expresión del absolutismo monárquico y otros, como Wölfflin, lo ven como una más de las alternancias que se han sucedido a lo largo de los siglos, de manera que a cada período «clásico» le sucede uno de «decadente» y cada período «armónico», uno de «emotivo».  Esta teoría de ciclos es desarrollada por autores como Eugeni d’Ors cuando afirmó que cada civilización pasa por tres momentos: una etapa arcaica, una clásica y una barroca, que se convierte, posteriormente, en un período de crisis y de decadencia.

Detalle de El Rapto de Proserpina (1621-22) de Bernini

Pero todas las definiciones que se basan en periodificaciones caen en la trampa de considerar períodos culturales o artísticos como una especie de compartimentos estancos. Es decir, a partir de una fecha concreta es barroco y hasta aquella fecha era renacimiento. No hay una frontera clara que separe ambos conceptos.

Evidentemente barroco es un concepto histórico. También es evidente que se sitúa en los primeros tres cuartos del siglo XVII (sobre todo de de 1605 a 1650) pero, en realidad, es un concepto que se extiende a todas las manifestaciones culturales de una época.

El barroco se detectó primero en la arquitectura, para después pasar a la pintura y escultura (Wölfflin atrevió a introducir la literatura) y cuando este movimiento global se fue extendiendo por toda Europa sucedió lo inevitable: lo que era renacentista ya era barroco.

¿Esto supuso una ruptura con el renacimiento? En cierto modo sí, pero recordemos que Lewis Mumford (La ciudad en la historia: sus orígenes, transformaciones y perspectivas, 1979) dijo que el renacimiento viene a ser la fase inicial de una época que sólo alcanza su pleno sentido en el barroco, por tanto podríamos considerarlo la primera manifestación del barroco o, como hace Welleck, podemos decir que el barroco es el término que califica todas las manifestaciones de la civilización europea del siglo XVII.

El entierro de Cristo (1602-03). Caravaggio

Cronológicamente el barroco surge en Alemania, pasa a Italia, luego a España, más tarde a Inglaterra y finalmente a Francia. Su evolución va ligada a los movimientos políticos y religiosos del siglo: los enfrentamientos entre católicos y protestantes, la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) o el traspaso de poder de la España Imperial a la Francia Absolutista. 

También influye la reinvención de la poderosa Roma Papal para contrarrestar el protestantismo, así como su ampliación urbanística para reforzar la figura papal; también podemos relacionar el barroco con varios avances científicos o técnicos como los de Galileo, Copérnico, Kepler y Newton; e incluso filosóficos como la aparición del empirismo gracias a Francis Bacon y el racionalismo de Descartes….

La heterogeneidad del barroco y su ínfima unidad estilística hace que, llegado el siglo XVIII, solo puede pervivir a través de sus aspectos más decorativos y ornamentales (el rococó) para después se transformarse con las nuevas ideas revolucionarias que nacen en Francia y así perder todo el oropel, quedándose con la pureza y austeridad (y racionalidad, no lo olvidemos) del neoclasicismo. Será en este punto cuando se producirá la pérdida definitiva de la religiosidad ligada al arte que era la más clara coincidencia entre renacimiento y barroco. El culto a Dios es sustituido por el culto a la Razón.

Las Meninas (1656-57). Velazquez

Una de las características principales que aporta el barroco a la sociedad europea es la pérdida de la confianza renacentista, la desaparición de la felicidad por el conocimiento, el optimismo vital… en definitiva, todo es desorientación, ya que el hombre que parecía ser el centro y motor del universo se convierte en algo inferior, un ser que incluso no es consciente de su propia inferioridad.

Los grandes artistas barrocos son universales, inmensos, globales: unifican el teatro con la música, la arquitectura y la opera; Bernini toca todas las ramas del arte, Santa Teresa habla de igual a igual con Dios, Bach junta su fecundidad artística con una inmejorable perfección técnica y una profunda intelectualidad… Pero todo finalmente se termina; a partir de Rousseau (y con él toda la literatura francesa del XVIII) el barroco es considerado como algo recargado, grotesco o ridículo, pero la realidad no es esa, ya que barroco fue justamente lo que necesitaba una Europa que se encontraba en un momento de crisis económica, política, social y religiosa.

No obstante, la universalidad europea del barroco tiene sus variaciones según el país sobre el que miremos. 

La Roma de la contrarreforma se aprovechó de la eficaz herramienta barroca para deslumbrar al pueblo con composiciones triunfalistas y lujo; esto supuso una rotura global con la serenidad renacentista con la intención primera de impresionar las masas. 

La Francia absolutista creó palacios cada vez más suntuosos con la misma intención: mostrar a todas las cortes europeas cuál era la potencia dominante, y el súmmum de esta muestra de poder fue el palacio de Versalles, con todo su simbolismo implícito. 

Salón de los espejos. Versalles.

El Flandes católico, aristócrata y monárquico (sin un verdadero poder real) y la Holanda protestante, democrática y burguesa (con un gran poder económico), a pesar de su proximidad física y sus orígenes comunes, crean dos tipos de barroco totalmente diferentes: un desbordante decorativismo en Flandes y una austeridad manifiesta en Holanda.

En fin, podemos decir a modo de conclusión, que el barroco es el predominio de la idea apartada de la racionalidad de las formas, que está destinado a sorprender al público. Como nos recuerda Maravall (con una explícita concatenación de palabras) el barroco desea actuar sobre el animo del destinatario con

«magnificiencia-desmesura-terribilidad-extremosidad»

El barroco es propaganda al servicio del poder, pues estamos en plena época del absolutismo, y la iglesia y el estado aportan los recursos necesarios para el desarrollo del arte y, claro está, quieren que éste sirva para enaltecerlos.

Se afirma que uno de los intereses del arte es el de transformar la sociedad como vía para transformar el mundo. El arte es un instrumento, pero, al contrario que el arte del hombre neolítico, el arte moderno no quiere transformar la realidad natural, sino la social. Esto no debería extrañarnos, ya que el arte suele dar servicio a los intereses ideológicos de su época (o, al revés, los intereses ideológicos de cada época se aprovechan del arte contemporaneo). Pero, en el caso del barroco hay un detalle que se debe tener en cuenta: el uso de la pintura al óleo se pone al servicio tanto del Papa o del Rey de Francia como del pequeño burgués que posee un taller de hilaturas. Al encargar un cuadro que represente su afición, pasión, propiedades o familia, los clientes inician la pintura costumbrista o de género. Por una escasa cantidad de dinero cualquiera podía enseñar sus virtudes, propiedades o bienes; e, insisto, esto sirve tanto para el soberano como por el comerciante. Hay una «democratización» del arte.

El hombre del barroco cree que puede llegar a sí mismo disfrazándose; el mundo está lleno de perspectivas engañosas y apariencias y el dormir-morir-soñar de Shakespeare (To die, to sleep. To sleep, perchance to Dream; aye, there’s the rub”, del acto tercero, escena primera de Hamlet) se fusiona con el sueño de Calderón, ya que nuestra vida es sueño y…

…los sueños, sueños son.

BIBLIOGRAFIA  

  • Angulo Iñiguez, Diego (1962) Historia del Arte. EISA
  • Argullol, Rafael (1985). Tres miradas sobre el arte. Icaria.
  • Berger, John (2000) Modos de ver. Gustavo Gili
  • Campàs Montaner, Joan. (2014). La modernitat: Del trecento a l’impressionisme. UOC
  • Hatje, Ursula (dir.) (1995) Historia de los estilos artísticos. Istmo
  • Maravall, José Antonio (1975). La cultura del barroco. Ariel
  • Mumford, Lewis (1979). La ciudad en la historia: sus orígenes, transformaciones y perspectivas. Infinito.
  • Pijoan, Josep (1914) Historia del Arte a través de la historia. Salvat Weisbach,
  • Werner (1942). El barroco. Arte de la contrarreforma. Espasa Calpe          

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