Alcibíades, una RockStar en la antigua Atenas

Entre los años 431 y 421 aC hubo una guerra entre Atenas y Esparta, una guerra que es conocida como Guerra de los Diez Años, Guerra de Pericles o, más habitualmente, Guerra Arquidámica, ya que, aparte de Pericles, el otro contrincante principal fue Arquidamo, rey de Esparta.

En el año 421 hubo un intento de alto el fuego llamado Paz de Nicias (421 aC) que intentó finalizar esa sangrienta guerra civil.

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Nicias (470-413 a. C.)

En realidad fue solo un intento, ya que ni la Paz de Nicias fue una verdadera paz, ni el intento de alto el fuego fue tomado en serio por ninguno de los firmantes del tratado. Sólo duró seis años, y desde su inicio ya estaba señalada por el fracaso.


Las intenciones sin duda eran buenas, pero no consiguieron cumplir el objetivo principal: poner fin a la guerra que mantenían Atenas y Esparta. En realidad sólo sirvió para interrumpir la guerra y poco más, y una de las razones fue que el tratado se redactó pensando sólo en Atenas y en Esparta, pero no en sus aliados; y esto empujó a ciudades importantes como Corinto o Elis conjurar entre ellas para que también se tuvieran en cuenta sus intereses.


Pero, ¿quién fue este Nicias que da nombre al tratado? Nicias fue el líder político más estable después de Pericles. Era un personaje rico e influyente y el principal impulsor por la parte ateniense del tratado, pero el hecho que aparezca su nombre en el tratado es un mero convencionalismo, ya que este perfectamente habría podido llamarse paz de Pleistoanax, el rey de Esparta que se impuso ante los suyos para firmar este mismo tratado.

Destrucción del ejercito ateniense en Sicilia. Ilustración de The Illustrated History of the World (1881-1884) 

Suele situarse el inicio de la guerra en el momento en que Tebas (aliada de Esparta) atacó Platea (aliada de Atenas). Ese ataque salió mal y los tebanos prisioneros fueron ajusticiados como criminales, ya que unos 48 años antes Tebas había jurado neutralidad ante Platea. Esta ejecución provocó una reacción en cadena: Atenas detuvo a los extranjeros que provenían de ciudades del círculo de Tebas; Esparta preparó su ejército y marchó sobre Atenas; los atenienses resistieron a los espartanos durante un mes y entonces contraatacaron con la intención de iniciar una rebelión entre los esclavos de Esparta; Pericles y su flota saquearon el Peloponeso; la peste asoló Atenas; Pericles fue despojado de sus cargos; Pericles recupera sus cargos cuando Arquidamo de Esparta vuelve a atacar Atenas; Pericles muere consecuencia de la peste; Nicias sube al poder; Lesbos es atacado y sus dirigentes ajusticiados por Atenas (por haber abandonado la alianza ateniense); Esparta masacra la guarnición de Platea…

Finalmente, en abril de 421, Nicias firma el tratado que lleva su nombre, que es calificado de la Paz de los 50 años, pero ya nada es como antes: Atenas ha perdido su hegemonía, Esparta ha perdido su poder y los aliados de ambos los miran asombrados sin saber hacia quien decantarse.


¿Y quiénes eran esos aliados? ¿Qué Polis aliadas de Esparta y de Atenas firmaron la paz de Nicias? Evidentemente todas aquellas que estaban bajo sus áreas de influencia, por ejemplo, por parte ateniense estaban Eretria, Calcis, Naupacte, Mitilene, las islas del Egeo, las Cícladas, Estagira o Abdera entre otros. Por parte espartana estaban Pilos, Epidauro, Tebas, Trecén o Mesenia. Pero claro, hubo quien prefirió no firmar, como Corinto, Elis o Megara, y esto ayudó a que la paz no durara los cincuenta años que pretendía.


La Paz de Nicias sólo duró unos seis años y realmente no hay una razón concreta de su fracaso; incluso el historiador Tucídides no quiere (o no puede) dar ninguna razón que justifique claramente la rotura del tratado ni intenta explicar qué se podría haber hecho para que hubiese aguantado más años. 

Alcibíades, grabado de Agostino Veneziano (1490-1540).

El primero que renegó del tratado de paz con Esparta fue Alcibíades, quien firmó, paralelamente a éste, otro con Argos, Mantinea y Elis que no tenía que durar 50 años, sino 100. Estas ciudades eran las principales adversarias de Esparta dentro de su zona de influencia, por lo que los espartanos se vieron obligados a reaccionar atacando Argos (418 aC) y Alcibíades, en una jugada extraña, con la intención de contentar al pueblo, decide atacar Melos, que había sido neutral durante la guerra. Esparta no sabe reaccionar a tiempo y Alcibíades se convierte en un héroe. Pero, ¿por qué hace esto? ¿Por qué rompe el tratado? Sin duda fue debido a que los espartanos prefirieron negociar con Nicias antes que con él y esto hizo que se sintiera insultado y despreciado.

La paz es algo delicado, es quebradiza y cuesta mantenerla. A pesar de las maquinaciones de Alcibíades, tanto Atenas como Esparta se resisten a romper definitivamente el tratado de paz, aunque sea para no asumir la responsabilidad de haberlo hecho. Pero todo estaba agrietado; las escaramuzas y hostilidades por todo el Peloponeso fueron constantes y, aunque tácitamente llegaron a un acuerdo, el pacto no se consideró una rotura del tratado, ya que en ningún momento ni Esparta atacaba el Ática, ni Atenas atacaba Lacedemònia; los que sufrían eran los aliados de ambas ciudades.


Pero el año 414 a. de NE Alcibíades no escuchó los consejos de Nicias y decide conquistar Sicilia, sabiendo que era un plan que no podía salir bien. Fracasaron y, para compensar, atacaron algunas ciudades de la costa de Lacedemònia y eso fue fue la gota que colmó el vaso. El tratado se había roto definitivamente y la Guerra del Peloponeso se convierte en la llamada Guerra de Decélia.

Batalla naval ante Siracusa. Grabado del  Atlas de la historia del mundo, de Casell.

Pero, ¿quién es Alcibíades? Puede parecer un simple contrincante de Nicias, pero, ¿quién era realmente? Alcibíades tenía buenos contactos; era ahijado de Pericles —con quien pasó toda su infancia— ya que a la muerte de su verdadero padre, Pericles se convirtió en su tutor. Provenía tanto por parte paterna como materna de relevantes familias aristocráticas, y toda su familia tuvo un papel preponderante en la historia ateniense: su tatarabuelo paterno, junto con Clístenes, colocó los cimientos de la democracia en la ciudad; su bisabuelo luchó en las guerras médicas con un barco de la su propiedad; su abuelo fue un político que sufrió el ostracismo por sus ideas y su padre, Clinias, fue un político y militar de renombre, además de amigo personal de Pericles. Por el lado materno provenía de una de las familias más importantes de Atenas, la de los Alcmeónidas, la misma familia de la que provenia la madre de Pericles.

Todo este bagaje le ayudó a que, desde niño, tuviese éxito en todo lo que se proponía. Alcibíades consiguió ser nombrado general con tan solo 31 años; era inmensamente rico (inscribió un carro propio en los Juegos Olímpicos, algo extraordinariamente caro); se decía de él que era tan atractivo y apuesto que todas las mujeres nobles lo admiraban (y, según Jenofonte, también los hombres). Era un excelente orador (aunque tenía un pequeño defecto en el habla que lo hacía, si cabe, aún más encantador), inteligente (fue amigo personal de Sócrates), seductor, persuasivo, noble…

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Sócrates y Alcibíades. (1813-6) Christoffer Wilhelm Eskersberg

Lo tenía todo: virtudes y defectos en igual medida. Era terco, consentido, creído, mimado, egocéntrico, provocador, ambicioso, envidioso, cobarde, presuntuoso, imprevisible, extravagante… En definitiva, era lo más parecido a una estrella del rock en la Atenas del siglo V a. C. Tal vez por eso su figura sigue siendo tan conocida.

Platón lo menciona en muchos de sus diálogos; Tucídides lo convierte en uno de los protagonistas de su obra; Sócrates lo nombra con frecuencia, y Jenofonte también escribe extensamente sobre él. Su nombre aparece en las obras de Aristófanes, Eurípides e Isócrates. Siglos después, continúa siendo una figura relevante: Diodoro de Sicilia, Plutarco y Cornelio Nepote, entre otros, escribieron sobre él.

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Alcibíades. copia romana de un busto griego

La vida de Alcibíades fue la de un aventurero, alguien predestinado, por su origen y educación, a liderar y gobernar su ciudad. ¿Podría compararse a Pericles en este sentido? En realidad, no.

Pericles no era un santo, pero sus seguidores afirmaban que todos sus actos fueron rectos y morales. A pesar de no desear la guerra, cuando esta se hizo inevitable, preparó la ciudad para defenderse de los espartanos sin contraatacar. Sin embargo, su estrategia defensiva y la prolongada guerra de desgaste trajeron consecuencias devastadoras que ni siquiera él pudo prever. En este sentido, no es tan diferente de Alcibíades.

La relación entre ambos comenzó con la muerte del padre de Alcibíades, cuando Pericles, pariente de su madre, asumió su tutela. Alcibíades creció bajo la sombra del «gran hombre». Mientras que Pericles fue un verdadero estadista cuya influencia marcó el mundo griego, Alcibíades, sin llegar a ser lo que podríamos definir como un «hombre de estado», impactó en la política ateniense, espartana e incluso persa.

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Alcibíades herido. Jean Nicaise Perrin (1754-1831)

Pericles murió en Atenas a causa de la peste; Alcibíades murió en el exilio, asesinado. Pericles gobernó Atenas desde la ciudad misma, enfrentando altibajos, siendo apartado del poder y luego recuperándolo. En cambio, Alcibíades tuvo que huir de Atenas tras ser condenado a muerte, regresó como héroe, volvió a huir, luchó contra los espartanos, se alió con ellos y hasta pactó con los persas, los enemigos históricos de los griegos.

Pericles muestra una especie de ideal pacifista en sus actuaciones, discursos, leyes. Su política se basa en la paz, Pericles tiene una necesidad de paz. Él siempre aspiró a un equilibrio con Esparta, y los tratados firmados con ella siempre son respetados por su parte y siempre deseó un orden «internacional» entre las dos ciudades y sus aliados; en cambio Alcibíades se opone siempre al pacifismo, él aspiró al imperio ateniense, él quiere conquistar más y más ciudades. Llega a afirmar en el discurso que pronuncia para convencer a los ciudadanos de la necesidad de la expedición a Sicilia, que «si esta empresa nos sale bien, como es de creer, seremos señores de toda Grecia, o a lo menos para nuestro bien y el de nuestros aliados y confederados, haremos todo el mal y daño que podamos a los siracusanos«.


Plutarco, en sus recomendables Vidas Paralelas, hace la semejanza de Pericles con Fabio Máximo y la de Alcibíades con Coriolano. Es decir, asocia la vida de Pericles con la de un romano valeroso y noble, aquel a quien el poeta Quinto Ennio considera el restaurador del estado romano, quien, según Virgilio, es el más grande de su familia. Un hombre que incluso dio origen al apodo de George Washington, conocido como «The American Fabius».
En cambio, Alcibíades no tiene tanta suerte. Plutarco lo compara con Coriolano, aquel que, en sus propias palabras, era “enteramente desabrido, orgulloso y exclusivo” y que “incurrió en el odio del pueblo romano”. Así, concluye que “ni uno ni otro manejo es para ser alabado”.

Para concluir esta semejanza entre dos hombres tan aparentemente opuestos, no está de más mencionar una anécdota que relata Valerio Máximo. Según este autor, un día en que Pericles estaba melancólico sentado sobre una roca, preocupado por cómo justificar ante los ciudadanos el gasto que había realizado en la Acrópolis, su joven sobrino Alcibíades, que aún era un niño (cum adhuc puer, concreta Valerio Máximo), se acercó y le dio este consejo: «Si se trata de justificar gastos, la solución está en buscar la manera de no tener que hacerlo». Toda una declaración de principios.

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Sòcrates y Alcibíades. Jean-Baptiste Regnault (1754-1829)

Ya hemos visto algunos detalles del personaje, pero, ¿realmente nada de Alcibíades es ejemplar? En realidad, no mucho. Y no solo desde la perspectiva actual, sino también desde el punto de vista de los autores clásicos. Plutarco ya dejó claro que no era digno de alabanza, ni tampoco un ejemplo a seguir.

Era un hombre profundamente egocéntrico, algo que se refleja en una de sus muchas anécdotas (porque Alcibíades parecía vivir rodeado de ellas). En el año 416, asistió a los Juegos Olímpicos para disfrutar de las competiciones. No se limitó a ser un espectador: presentó siete cuadrigas y consiguió el primer, segundo y cuarto puesto. ¡Todo un éxito! ¿Cómo lo celebró? De una manera más propia de un noble persa que de un austero ateniense: invitó a mil espectadores a una fiesta, donde él mismo apareció vestido como un dios olímpico. Incluso encargó a Eurípides que compusiera un himno en su honor.

Tras esta demostración de opulencia y extravagancia, regresó a Atenas sobre una nube de éxito. Entonces, en su famoso discurso para convencer a los atenienses de emprender la expedición a Sicilia, afirmó que él era el único merecedor de liderar el ejército. Su argumento: «Los griegos que se hallaron presentes en los Juegos de Olimpia, al ver mi suntuosidad y magnificencia, tuvieron a nuestra ciudad por más rica y poderosa, donde antes la tenían en poco y creían que podían someterla con facilidad».

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Sócrates reprende a Alcibíades. Anton Petter. (1781-1858)

El primer argumento que dio para justificar que la expedición militar estuviera bajo su mando fue, paradójicamente, un triunfo deportivo y la suntuosidad de su celebración, no su capacidad militar ni una razón estratégica para atacar Sicilia.

El exceso fue siempre el pecado de Alcibíades, y ese exceso era precisamente lo que los atenienses no le perdonaban. Consideraban que comportamientos tan ostentosos eran propios de tiranos, no de verdaderos políticos. Plutarco señala que «reunía un desarreglado lujo en su método de vida, en el beber y en desordenados amores; una gran disolución y mucha afeminación en trajes de diversos colores”. Esto provocaba que “los ciudadanos más distinguidos, además de abominarlas y llevarlas mal, temieran su osadía y su ningún miramiento como tiránicos y disparatados”.

Además de su tendencia al exceso, había un problema añadido: su ambición desmedida. Alcibíades no tenía escrúpulos a la hora de cambiar de bando político si le convenía, algo que nunca puede considerarse ejemplar.

Fue mentiroso, traidor, manipulador, cobarde en el peligro y jactancioso cuando le convenía. Muchas de las desgracias que sufrió Atenas a lo largo del siglo V a. C. pueden considerarse consecuencias directas de sus acciones. Por otro lado, es innegable que tenía un talento innato para convencer al auditorio, que sus maniobras políticas eran brillantes y que su ambición y éxito eran impresionantes… pero todo eso quedaba empañado por sus constantes excesos.

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Sócrates buscando a Alcibíades en la casa de Aspasia.  (1861). Jean-Leon Gér[ome

El destino de Alcibíades fue, en última instancia, el único que podía tener: no se puede traicionar a todo el mundo y seguir en lo más alto.

Cuando partió hacia Sicilia, compartiendo el mando con Nicias, no esperaba lo que le iba a suceder. Antes de llegar a la isla, un barco ateniense lo detuvo con la orden de regresar a Atenas para ser juzgado. ¿El motivo? Un acto de vandalismo aparentemente menor, pero cargado de simbolismo: la mutilación de las hermai, esas estatuas de Hermes colocadas en las encrucijadas y entradas de los hogares, aparecieron destrozadas la mañana de su partida. La acusación recaía sobre Alcibíades, quien supuestamente habría cometido este sacrilegio durante una fiesta que se le fue de las manos.

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Ejemplo de Hermai

¿Fue cierto o falso? No importa. Alcibíades no regresó a Atenas; en lugar de enfrentarse al juicio, huyó a Esparta. Y la jugada le salió bien. Mientras Nicias fracasaba estrepitosamente en Sicilia y el ejército ateniense era diezmado, Alcibíades vivía en Esparta, seduciendo con su carisma a los espartanos, como harían siglos después los Casanovas y condes de Saint-Germain en las cortes europeas del siglo XVIII.

Incluso se rumoreaba que había dejado embarazada a Timaia, la esposa del rey espartano Agis II. Si el rumor fue cierto o no, es irrelevante, pero encaja perfectamente con su carácter.

El exceso lo acompañó hasta su muerte. Ocho años después, lo encontramos en Frigia, viviendo a cuerpo de rey. Según Plutarco, sus enemigos rodearon su residencia y, al verse atrapado entre las llamas y los guerreros, Alcibíades, cuchillo en mano, se lanzó contra sus atacantes, solo para morir bajo una lluvia de flechas.

Incluso en la muerte, Alcibíades fue excesivo. No podía haber sido de otra manera.

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La muerte de Alcibiades (1791) Philippe Chéry

BIBLIOGRAFIA

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