El arte medieval, ¿uno o muchos?

Se ha dicho en múltiples ocasiones, pero no está de más repetirlo: el arte medieval no fue, en absoluto, uniforme.

Por un lado, encontramos las tradiciones romanas, las influencias godas y los estilos paneuropeos. Estas corrientes, desarrolladas en regiones como Francia, Cataluña, Lombardía y Renania, conforman la base del arte medieval, que alcanzaría su cúspide con el llamado arte gótico.

Es importante recordar que en la Edad Media no existía lo que hoy entendemos como arte o historia del arte. Hans Belting definió esta época como «la era de las imágenes», en contraposición a «la era del arte». Por ello, no resulta sorprendente que ni la escultura ni la pintura figuren en las listas de artes mecánicas elaboradas por autores como Raoul de Longchamp o Hugo de San Víctor en el siglo XII. Para el hombre medieval, un artista era simplemente alguien que sabía hacer algo, sin que esto implicara necesariamente una visión intelectual o una perspectiva filosófica del mundo. El artista no era considerado un genio «inspirado por la Musa», sino, en esencia, un artesano.

El arte medieval, en términos generales, tenía una aspiración clara: trascender al ser humano, abandonar lo mundano como única fuente de inspiración y lograr que Dios, la Naturaleza (con mayúscula) y lo trascendental se fusionaran en una expresión artística que rompiera con los cánones clásicos.

La primera modalidad de arte propiamente medieval y europea es el románico. Antes de este, las manifestaciones artísticas se englobaban en el arte paleocristiano, que esencialmente prolongaba la tradición romana, o en el arte bizantino, que se mantenía al margen del medievalismo como fenómeno paneuropeo.

Frontal de la Seu de Urgel o de los Apóstoles Primera mitad del siglo XII

Los cimientos del románico se encuentran en esta frase:

Aquello que es bello nos conduce a Dios.

Para el románico, el arte debía reflejar el debate entre el bien y el mal. Su esencia era más platónico-agustiniana que aristotélico-tomista y, aunque abrazaba los ideales cristianos, no desdeñaba la estética precristiana; de hecho, la valoraba.

¿Y el gótico?

El término «gótico» tiene un origen peyorativo: alude a lo bárbaro, al arte de los godos. Desde la perspectiva renacentista, que exaltaba el mundo clásico, el gótico era considerado monstruoso si se comparaba con el arte italiano, mucho más armónico. Sin embargo, posteriormente, el Romanticismo reivindicó el gótico como la base de su propia cultura.

El arte gótico alcanza su majestuosidad en las iglesias y catedrales. Sus muros esbeltos, sus ventanales luminosos y sus arcos elevados acercaban a los fieles a una experiencia de lo divino. Para los humildes mortales, era lo más cercano a la grandeza celestial.

Vitral de la basílica de Saint-Denis.

El concepto de arte en la tradición islámica es completamente diferente al de otras culturas medievales. Muchos autores coinciden en señalar que, aunque produjo una gran cantidad de monumentos a lo largo de Eurasia, no introdujo innovaciones radicales. Los elementos desarrollados en el arte islámico suelen tener precedentes claros en tradiciones anteriores, especialmente del ámbito mediterráneo.

Además, la función de los edificios islámicos estaba determinada más por su uso que por su diseño arquitectónico. Es decir, una residencia, un almacén, un lugar de culto o un palacio podían compartir una distribución formal similar. En todos ellos se empleaban los mismos diseños y técnicas decorativas. Por tanto, la finalidad de un edificio no se reflejaba en su ornamentación, sino en las actividades que albergaba.

Mezquita de Córdoba

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