Fakes y verdades en los medios de comunicación

Entre los siglos I y II d.C. vivió en Nicópolis el filósofo estoico Epicteto de Frigia. Al igual que Sócrates, no dejó nada escrito, aunque se le atribuyen varias frases y enseñanzas.

Ilustración de Epictetus en la traducción al latín de Enchiridion de 1715 de Edward Ivie, realizada por Michael Burgers (1650-1727)

Una de las frases más conocidas que se le atribuyen es aquella que dice: «La verdad triunfa por sí misma, la mentira siempre necesita complicidad». La frase es puro sentido común: el engaño requiere mucho trabajo para prepararse y aún más para mantenerse. Pero, ¿qué ocurre cuando toda la maquinaria comunicativa de los grandes medios de comunicación decide que un hecho es mentira? O, lo que es más habitual, ¿qué ocurre cuando deciden que una mentira es verdad? Sin duda, en ese caso debemos olvidarnos de Epicteto y prestar atención al político británico Sir Arthur Ponsonby, quien en 1928 publicó un libro titulado Falsehood in War-Time: Propaganda Lies of the First World War, donde afirma que «cuando la guerra se declara, la verdad es la primera víctima». (El texto podeis leerlo AQUI)

Estamos en guerra: siempre hay un bando que necesita otro enfrente, siempre hay una opinión que necesita la contraria… y los medios de comunicación lo saben.
Unos once años antes de que Ponsonby publicara su libro, el senador y periodista norteamericano Hiram Johnson dijo algo similar, pues afirmó que «la primera víctima cuando llega la guerra es la verdad».

Ambas afirmaciones son muy parecidas, aunque hay un matiz: Ponsonby dijo «when war is declared, truth is the first casualty» / «Cuando se declara la guerra, la verdad es la primera víctima.», y Johnson: «The first casualty when war comes is truth» / «La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad» ; no son exactamente iguales, pero sí muy similares.

Ahora bien, el mundo en el que vivieron Johnson y Ponsonby era un mundo de prensa escrita y radio (y documentales cinematográficos, aunque con mucha menos frecuencia). La televisión, las redes sociales y el omnipresente Internet eran solo conceptos de ciencia ficción. Las verdades ahora viajan más rápido, pero, desgraciadamente, las mentiras también.

Hay un término muy de moda actualmente (aunque no es un invento moderno, ya que existe desde que el hombre es hombre): la posverdad.

A pesar de las confusiones, la posverdad no es lo mismo que las fake news. El artista y ensayista Joan Fontcuberta realizó una clasificación muy acertada de las diferentes mentiras que circulan en los medios de información. Él las categorizó de la siguiente manera:

Falsedad: cuando no hay equivalencia entre el discurso y el hecho.

Mentira: cuando hay una voluntad consciente de desviar el discurso del hecho.

Engaño: cuando se pretende que una mentira sea aceptada como verdad.

Impostura: engaño con apariencia de verdad.

Fraude: engaño mediante el cual el emisor obtiene un beneficio y el receptor sufre un perjuicio.

Ficción: simulacro que tiene que ver únicamente con la imaginación y no con los hechos.

Posverdad: desinformación deliberada que intenta manipular la opinión pública.

Fake news: información falaz difundida para influir en un punto de vista determinado.

Fake: ficción que, bajo la apariencia de verdad, se infiltra en la opinión pública disfrazada de géneros familiares.

¡Ahí está el detalle! La intención de las fake news o la posverdad es engañar, influir y manipular para favorecer una corriente de pensamiento, una opinión, un lobby o un partido político. Por otro lado, las fakes nos presentan esta mentira como si fuera verdad, pero no nos engañan, ya que terminan revelando que es mentira. Esto puede usarse para evidenciar lo crédulos que somos y preparar nuestro sentido crítico para cuando aparezcan las verdaderas mentiras.

Dos ejemplos muy claros de fakes son la retransmisión en 1938 de La guerra de los mundos por Orson Welles (podéis descárgalo AQUI) y el documental sobre el 23-F dirigido por Jordi Évole, Operación Palace (2014).

Un documental que no esconde su «falsedad» se conoce habitualmente como mockumentary (del inglés mock, que significa burla). Hay muchos ejemplos de este género. Muy conocida es la película de Rob Reiner This is Spinal Tap (1984), sobre un grupo musical inexistente; el famoso documental (que para muchas personas fue absolutamente real) Operación Luna o Dark Side of the Moon (2002), donde se narra cómo Stanley Kubrick supuestamente filmó la llegada del hombre a la Luna; el vídeo ¿Por qué Mozart no usaba el Si bemol? (2020) de Jaume Altozano (AQUI está el video); o el divertido Mermaids: The Body Found (2011), que denuncia una gigantesca conspiración mundial para ocultar la existencia de sirenas.

Si recuperamos la definición de fake de Fontcuberta, el mockumentary imita los códigos y convenciones de un documental real, pero deja claro que es una obra de ficción. Ahora bien, si el espectador no tiene suficientemente desarrollado el sentido crítico, puede terminar creyéndoselo y, como suele decirse, el remedio resulta peor que la enfermedad.

La mentira o el mockumentary parten de la premisa de que el espectador dispone de herramientas para interpretar las imágenes televisivas y comprende que está viendo una ficción. Desgraciadamente, no siempre es así, y el fake entonces se asimila a las fake news, logrando que aquello que intenta denunciar adquiera aún más apariencia de verdad.

Mauro Wolf destaca que hay tres círculos en los que se mueven las opiniones políticas y, en cierto modo, los medios de comunicación influyen en los tres. Uno es el que él llama Voto de Pertenencia (aquellos que comparten criterios ideológicos). También existe el Voto de Intercambio (el de quienes, a cambio de algo, se posicionan hacia uno u otro bando). Finalmente, el Voto de Opinión (que genera participación política entre personas que, a priori, no están alineadas ni muestran interés).

La intención principal de los medios es influir en el tercer círculo.

El vídeo mató a la estrella de la radio, pero el exceso y la popularización han matado las noticias. Como dijo Umberto Eco: “I social media danno diritto di parola a legioni di imbecilli che prima parlavano solo al bar dopo un bicchiere di vino, senza danneggiare la collettività. Venivano subito messi a tacere, mentre ora hanno lo stesso diritto di parola di un Premio Nobel. È l’invasione degli imbecilli” / «Las redes sociales dan voz a legiones de idiotas, que antes solo hablaban en el bar después de una copa de vino, sin perjudicar a la comunidad. Antes los silenciaban de inmediato, pero ahora tienen el mismo derecho a opinar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas».

O sea, que en un pasado reciente, las personas preparadas tenían a que sus ideas se pudieran difundir masivamente (atención, «sus ideas», buenas o malas, equivocadas o ciertas); hoy en día, gracias a Internet, cualquier persona tiene acceso a un foro global y puede difundir lo que le parezca. Y si su mensaje cae en gracia, sus palabras se propagan a una velocidad que los medios de comunicación tradicionales no pueden competir.

Y el problema es que, una vez que esta información ha llegado a todos los lugares donde puede llegar, es muy complicado rebatirla. Esto ya lo determinaron Paul Lazarsfeld y Robert Merton en 1948, en Mass Communication, Popular Taste, and Organized Social Action, donde concluyen que no es tan fácil como se creía hacer que la gente cambie de opinión mediante los mensajes que se mueven a través de los medios de comunicación.

Y si además, como he mencionado antes, hay una carencia de opinión crítica y nos creemos todo lo que nos dicen los medios sin cuestionarlo con un ojo escéptico, el fake que tiene la intención de desmontar una mentira se convierte en una mentira por sí mismo. Esto ocurre porque el espectador no comprende el mensaje de falsedad, actuando justo al revés de la intención inicial del fake. Finalmente, termina enfrentándose a lo que Stuart Hall llama «comunicación sistemáticamente distorsionada».

 La mentira es la base de la información; ya hace tiempo que Baudrillard afirmó que, del mismo modo que «los placebos se han convertido en un sector importante de la industria médica […] la falsificación se ha convertido en un sector floreciente de la industria del arte.»

Por tanto, y como conclusión, podríamos decir que el fake consciente, como el de La Guerra de los Mundos o Operación Palace, entre otros, cumple su objetivo a medias. La tan repetida opinión pública ha sido bombardeada con noticias falsas de manera tan excesiva y a través de tantos medios, que ya no sabe dónde aferrarse ni encuentra un punto firme desde el cual obtener una visión lo más cercana posible a la verdad.

Sin duda, una obra de ficción pura y dura (una película) ofrece más servicio que una obra de ficción disfrazada de documental. Las películas suelen cumplir sus objetivos: mostrar realidades que, aunque no son completamente ficticias, tampoco se presentan como documentales. Ladri di biciclette, la obra maestra del neorrealismo italiano, refleja la realidad del momento en que fue filmada mejor que muchos documentales y conmocionó más conciencias que un reportaje televisivo. La ficción es parte esencial de lo que es el cine, y cualquier cineasta con intenciones sociales, al no ocultar la ficción, no engañará a nadie. Además, lo mejor es que nadie podrá decir que ha sido engañado.

Claro está, siempre habrá quien se crea incluso las películas más inverosímiles, pero nunca llueve al gusto de todos.

BIBLIOGRAFIA

  • BAUDRILLARD, Jean. (1991). La Guerra del Golfo no ha tenido lugar. Anagrama
  • FONTCUBERTA, Joan. (2019). “Osama i la decadència de la mentida”. El Món d’ahir. n.12
  • HALL, Stuart. (2004). “Codificación y descodificción en el lenguaje televisivo”. A CIC, Cuadernos de Información y comunicación. n.9
  • LAZARSFED, Paul; MERTON, Robert.(1948). “Mass Communication, Popular Taste, and Organized Social Action”’, A L. Bryson (ed.), The Communication of Idea
  • NICOLETTI, Gianluca Nicoletti. Entrevista a Umberto Eco, (11 de juny de 2015), La Stampa. Disponible en línea: https://www.lastampa.it/cultura/2015/06/11/news/umberto-eco-con-i-social-parola-a-legioni-di-imbecilli-1.35250428
  • WOLF, Mauro. (1994). Los efectos sociales de los media. Paidós.

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