La diosa de la poesía gaélica era Brigit; su símbolo era un majestuoso cisne blanco. Era conocida como la Novia de la Cabellera Dorada o la Novia de las Colinas Blancas.
Era una diosa venerada como la diosa de la inspiración y de todas las cosas percibidas, de la sabiduría, la excelencia, la perfección, la elocuencia poética, la habilidad curativa, el conocimiento druídico y la destreza en la guerra.
Brigit fue una figura profundamente popular en la tradición celta, y su legado simbólico perdura en la figura de Santa Brígida cristiana.
Brigit también estaba íntimamente vinculada al fuego sagrado y a la renovación cíclica de la vida. Se le atribuía la protección de los hogares y de los artesanos, especialmente de los herreros y los poetas, considerados intermediarios entre el mundo mortal y el divino. En las fiestas de Imbolc, celebradas al comienzo de la primavera, sus devotos encendían luces y hogueras para honrarla y anunciar el regreso de la luz tras la oscuridad invernal. Así, Brigit se convertía en un símbolo de renacimiento, esperanza y creatividad inagotable dentro de la cultura celta.
Su animal sagrado, el cisne blanco, surcaba los lagos y ríos como un mensajero de su gracia. Se decía que, al amanecer, podía escucharse el suave batir de sus alas anunciando la inspiración divina que Brigit otorgaba a quienes la invocaban. En algunas leyendas, la diosa misma adoptaba la forma de un cisne resplandeciente, guiando a los viajeros extraviados y protegiendo a los inocentes de las sombras del otro mundo.
