KAVAFIS I y II

Belén tiene muchas virtudes, pero explicarse no es una de ellas.

Quería unas pinturas para su casa, pero no supo decirme ni el estilo ni el tema. “¡Tú hazlos!”, me dijo, dándome un catálogo de Ikea para que e inspirara. “Cuando los vea, sabré si me gustan”.

El catálogo no me dio ninguna idea (aunque, eso sí, terminé comprando una lámpara nueva para el salón y un mueble zapatero en el que guardamos de todo… menos zapatos).

Finalmente, decidí tirar por el camino fácil y le entregué tres cuadros en blanco con un puntito en el centro, como si fuera una cagada de mosca. “Estilo minimalista”, le dije. Pero no coló.

Al final, quizá porque cuando me siento confuso siempre recurro a Kavafis, decidí pintar lo que me sugerían tres de sus poemas. De niño era bastante sinestésico, aunque con los años he perdido gran parte de esa capacidad. Aun así, todavía puedo convertir en colores una música o unas palabras.

A continuación, os muestro tres fragmentos de sus poemas y dos de los tres cuadros. No diré cuál corresponde a cada uno. ¡Se admiten sugerencias!


1.
Recuerda, cuerpo, no sólo cuánto fuiste amado,
no solamente en qué lechos estuviste,
sino también aquellos deseos de ti
que en otros viste brillar…


2.
Trata de asirlas, poeta,
aunque no consigas retenerlas,
esas visiones eróticas.
Sitúalas, veladas, en tus versos.


3.
Nunca lo tendré de nuevo –todo aquello que tan
pronto perdí…
los poéticos ojos, el pálido
rostro… en la penumbra de la calle…

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