En sus Lecciones sobre la historia de la filosofía, Hegel habló profusamente de Descartes, pero también lo hizo de Spinoza, de quien dijo que era tan fundamental que, si un pensador no se consideraba spinozista, lo más seguro que podría ser cualquier cosa, pero no era un filósofo. Deleuze, sin ser un historiador de la filosofía, dedica gran parte de su obra a estudiar a Spinoza; en palabras suyas: «él es el que más me ha dado la impresión de ser algo así como una corriente de aire que te empuja por la espalda cada vez que lo lees, algo así como una escoba de bruja sobre la que él te hace cabalgar».
Deleuze admira al filósofo neerlandés por su dignidad y por la controversia que genera la idea de un Dios inmanente, un Dios que es causa de todo, ya que todo en él reside y que fuera de él no existe nada. La combinación de ateísmo y panteísmo lo perturba en cierto modo, sobre todo debido a la ética spinoziana que afirma que las normas morales salen de los deseos inmanentes a la naturaleza humana y no de los deberes trascendentes que nos obligan a seguirlos. También recuerda, como quien no quiere la cosa, que fue debido a esto que Spinoza fue acusado de materialismo, inmoralidad y ateísmo.
Spinoza nos describe aquello que él llama pasiones tristes y las ejemplifica con la figura del esclavo, el tirano y el sacerdote (el hombre de pasiones tristes, el hombre que se aprovecha de estas pasiones, y el hombre a quien entristece la condición humana). Evidentemente todas las pasiones humanas no son así, ni todo es tristeza en Spinoza, pero, cuando nos encontramos con algo que conviene a nuestra naturaleza, su potencia se sumada a la nuestra y la nuestra aumenta; entonces nos afectan las pasiones de alegría, y lo podemos explicar afirmando que tanto la alegría (Laetitia) como la tristeza (Tristitia) son pasiones que llevan el alma hacia la perfección o la alejan de ella.

Pero, ¿quien desearía cultivar la tristeza en lugar de otras pasiones? Deleuze sabe que hay quien lo hace; aquellos que agarran el poder y debido a su impotencia, sólo pueden construir más poder por encima la tristeza de otros. Tienen necesidad del esclavo ya que para poder reinar, los demás deben ser súbditos.
Tal como escribió Saint-Exupéry en su inmortal obra: «¡Ah!, he aquí un súbdito – exclamó el rey cuando vio el principito. Y el principito se preguntó: ¿Cómo puede reconocerme si no me había visto nunca? No sabía que para los reyes el mundo es muy sencillo. Todos los hombres son súbditos».
La tristeza no se circunscribe al binomio rey-esclavo, también interviene el sacerdote, ya que este también tiene necesidad de cultivar la tristeza para poder juzgar la vida de las personas, ya que, según Deleuze, «la única manera de que puedan someterla a juicio, se inoculándole primero la tristeza. En ese momento deviene juzgable»; este es el deseo del sacerdote, conseguir que los demás tengan mala conciencia, miedo al pecado, al infierno, pues gracias a ello se crea la necesidad de su persona. Ya lo dijo Lucrecio siglos atrás, cuando rimaba aquello de
Et merito. Nam si certam finem esse uiderent
aerumnarum homines, Aliqua ratione ualerent
religionibus atque minis obsistere aatum.
O sea, «y con razón. Pues si los hombres vieran que sus penas tienen fijado un límite, con algún fundamento podrían desafiar las supersticiones y amenazas de los vates».

Deleuze se sorprende (y nos sorprende) con el vínculo con el que Spinoza une al esclavo y al tirano y afirma que desde Lucrecio o Epicuro no se ha visto nada parecido. Entonces reflexiona sobre el epicureísmo que unía al griego y al romano, y a la creencia de ambos en que el origen de las religiones está en el temor; además, por si fuera poco, Lucrecio se opone a la religiosidad institucional y, al igual que Spinoza, al temor que promociona el poder para controlar al pueblo, con ritos, templos, supersticiones y días faustos o aciagos.
Nunc quae causa deum per magnas numina gentis
peruolgarit et ararum compleuerit urbis
suscipiendaque curarit sollemnia sacra,
quae nunc in magnis florent sacra rebu’ locisque,
unde etiam nunc est mortalibus insitus horror,
qui delubra deum noua toto suscitat orbi
terrarum et festis cogit celebrare diebus,
non ita difficilest rationem reddere uerbis.
Estos versos (del 1161 a 1168 de De Rerum Natura) afirman que: «no es difícil ahora explicar la causa de que entre las grandes naciones se divulgara la idea de la divinidad, de que las ciudades se llenaran de altares y se establecieran los solemnes ritos que ahora florecen en las grandes ocasiones y en lugares famosos; de donde aun hoy un religioso terror esta enraizado en los hombres, el cual les hace levantar por todo el orbe de la tierra nuevos santuarios a los dioses y les impulsa a llenarlos en los días festivos».
Comparemos las palabras de Lucrecio con las de Spinoza cuando afirma que «…engañar a los hombres disfrazando con el nombre de religión el temor con el que se les quiere meter en cintura; de modo que luchen por su servidumbre como si se Trátase de su salvación»
¡¿Lo veis?! ¡Ahí está el detalle! El miedo (y la esperanza) obligan al hombre a vivir como un esclavo; la superstición y las religiones institucionalizadas ayudan a forjar los eslabones de las cadenas que lo aprisionan. La razón es lo único que nos puede salvar, pero la razón como meta para el estado o la sociedad, y no la razón del ser individual.
Spinoza quiere que la sociedad humana avance, desechando para siempre las supersticiones. Desea que avance hacia la modernidad (aquel lugar donde no es necesario imponer el miedo para poder gobernar).
En su Ética (Proposición XVIII de la cuarta parte) afirma: «Nada es más útil al hombre que el hombre», pero también afirmó que el infierno es la excusa para atemorizar, para conseguir que se obedezca el poder, idea implícita en la premonitoria frase de Lucrecio:
Hic Acherusia fit stultorum denique vita
(verso 1023, «El infierno está aquí, en este mundo de locura»).
BIBLIOGRAFIA
- DELEUZE, Gilles, PARNET, Claire (1980). Diálogos. Pre-textos
- DELEUZE, Gilles (2008). En medio de Spinoza. Cactus
- DELEUZE, Gilles (2001). Spinoza, filosofía práctica. Tusquets
- LUCRECIO Caro, Tito (2012). De rerum natura. Acantilado::
- SAINT-EXUPÉRY, Antonie de (1995). El principito. Emecé
- SPINOZA, Baruj (2009). Ética.



