Medea es uno de los personajes principales de la leyenda de los argonautas, del mismo modo que lo es Jasón, Eetes o el dragón que custodiaba el Vellocino de Oro; pero también es una hechicera conocida por haber matado a sus propios hijos para vengarse de Jasón.

La primera referencia a Medea —sin nombrarla– la tenemos en la Odisea, concretamente en el Canto X, 137, donde se habla de su padre: “llegamos luego a la isla Eea, donde moraba Circe, la de lindas trenzas, deidad poderosa, dotada de voz, hermana carnal del terrible Eetes: pues ambos fueron engendrados por el Helios, que alumbra a los mortales, y tienen por madre a Perse, hija del Océano«; tambén en XI, 256, donde se nombra su tierra: «…Pelias, rico en ganado, en la extensa Yaolco… «, e incluso en en XII, 69, donde se nombra la nave de Jasón: «Tan sólo logró doblar aquellas rocas una nave surcadora del ponto, Argo, por todos tan celebrada, al volver del país de Eetes… «

La siguiente aparición de Medea (o la primera, pues ya hemos visto que en la Iliada no es nombrada) es en la Teogonía de Hesíodo, donde se narra cómo la oceánide Perseis engendró a Circe y a Eetes, y éste a Medea. También nos narra cómo Jasón, tras conseguir el Vellocino de Oro se casa con Medea y ambos tuvieron un hijo… ¡y ya está! No aparece ninguno de los hechos que usará Eurípides para su conocida tragedia.

Medea sigue apareciendo en otras obras de poetas de los siglos VIII, VII y VI aC; se sabe que Eumelo de Corinto desarrolló un poema donde contaba la presencia de Jasón y Medea en Corinto y explicaba como Medea había escondido a los hijos que había tenido con Jasón en el santuario de Hera, con la intención de hacerlos inmortales. Más adelante, Mimnermo, también habla de Jasón y nos cuenta como consiguió el Vellocino de Oro y poco más. Por su parte, Píndaro a su Pitica IV nos narra la misma historia y, aunque él da preponderancia al personaje de Medea, tampoco nos explica la venganza posterior de ésta.

El primero que narra la venganza de Medea es Eurípides y es él quien fija la historia tal como la conocemos hoy en día; es él quien crea la Medea criminal, la que mata a sus hijos como venganza contra su marido, aunque, insisto, hasta ese momento este elemento no había aparecido en el mito y, si en alguna tradición los hijos morían, nunca era a manos de su madre, sino asesinados por los corintios.

¿Qué tienen que ver los corintios? Creófilo (siglo VIII aC), nos cuenta que Medea mató al rey de Corinto, Creonte y, al huir, dejó a sus hijos en el santuario de Hera, creyéndolos protegidos. Allí son encontrados por los corintios y estos, para vengar a su rey, los asesinan, imputando el crimen a la madre. Este es el rumor que aprovecha Eurípides para construir su tragedia.

Por tanto, ¿cuál es la primera obra conocida obra donde aparece Medea? Aparece en la Teogonía de Hesíodo (seguramente también en el perdido Catálogo de las mujeres). Pero esta no es la pregunta esencial, sinó esta: ¿Cuál es la primera obra donde aparece Medea como asesina de sus hijos? En Medea de Eurípides.
¿Cuál de estas Medeas es la real? ¿La de Eurípides? ¿La de los mitógrafos? ¿La de la tradición oral? ¿Ninguna de ellas?

La Medea de Eurípides es una mujer vengativa, terriblemente cruel, incontrolable, irracional, aislada de la razón y que lleva la venganza hasta sus últimas consecuencias. Ella dice: «Sí, conozco los crímenes que voy a realizar pero mi pasión es más poderosa que mis reflexiones y ella es la mayor causante de malas para los mortales«, pero ésta no es la Medea real; la auténtica es aquella que no niega haber matado al rey Creonte y a la hija de éste, Glauce, pero que huye y deja a sus hijos bajo la protección de Hera.

Pausanias en su Descripción de Grécia confirma que fueron los corintios quines mataron a los hijos de Medea, pues fueron sus hijos los que llevaron a Glauce los regalos de Medea —una túnica y una diadema, impregnadas de veneno. Pausanias cuenta la leyenda cuando habla de una fuente en la que la desventurada Glauce se sumergió para quitarse la túnica que le abrasaba la piel: «Yendo desde el ágora por otro camino que conduce a Sición se puede ver a la derecha del camino un templo y una imagen de bronce de Apolo, y un poco más allá una fuente llamada de Glauce, pues en ésta se lanzó Glauce, según dicen, pensando que el agua sería un remedio contra las pócimas de Medea. Más arriba de esta fuente está el llamado Odeón, y junto a él está el sepulcro de los hijos de Medea; sus nombres son Mérmero y Feres, y se dice que ellos fueron apedreados por los corintios a causa de los regalos que le llevaron a Glauce«.

Entonces, ¿qué hay de verdad en la versión de Eurípides? Evidentemente él modificó el mito, fue el primero en mostrar una Medea asesina, pero ¿lo hizo “pagado por los corintios” como suele decirse o justo al contrario? Expliquémoslo poco a poco: ¿qué significa «pagado por los corintios»?

Según escritos antiguos y la tradición recogida por Diodoro, se decía que la ciudad de Corinto habría pagado a Eurípides para desviar hacia Medea la responsabilidad de la muerte de sus hijos la cantidad de cinco talentos de plata; hay quien, como Graves o Grimal, que afirman que la cantidad era de quince talentos. Sea como sea, es una cantidad exagerada; un talento equivalía al salario de todo un año de trabajo cualificado o al precio de un caballo de guerra, y una pequeña finca o casa con esclavos, costaría unos 3 talentos. Por tanto la cantidad de 5 talentos serían unos 300.000 euros actuales (15 talentos serian casi 900.000).

No hay fuentes primarias que confirmen el pago, pero unos meses antes de la estreno de la obra en Atenas hubo una negociación tripartita entre atenienses, espartanos y corintios para evitar una nueva guerra, todo por culpa de la expansión ateniense, que resultaba un peligro para Corinto y Esparta. Ambas ciudades (sobre todo Corinto) buscaban cualquier excusa para romper los tratados vigentes. Quizás por ello Eurípides se vió influido por las circunstancias políticas del momento y por ello insiste tanto en la obra sobre las roturas de los pactos (por ejemplo el matrimonio de Jasón y Medea), justificando así, ante la audiencia, que Atenas no tiene que dejarse influir por la propaganda corintia o espartana en contra su política. Ese es el tema que pone en marcha la obra y esa es la razón de la actitud de Medea.

Quizás por eso en ningún momento Medea es juzgada como culpable por sus actos; los dioses no la castigan por haber matado a sus hijos (incluso le ayudan) y Jasón queda como único culpable, por una sola razón: ¡haber roto sus juramentos! El Coro siempre considera justificado el reproche a Jasón, y por eso, al final de la obra, Apolo salva a Medea de una muerte segura enviándole el carro del Sol, en el que huye. Y es entonces cuando Jasón invoca a los dioses y a Zeus reprochándoles su inactividad ante el crimen de Medea, y ninguno le responde, pues estos saben que Jasón fue el primero que les ofendió, tal como hemos dicho, rompiendo los juramentos hechos en nombre de Zeus por beneficio propio.

Resumiendo: Parece claro que es Eurípides quien modifica el mito debido a su interés. Ahora bien, es complicado saber si lo hace para favorecer a los corintios o a los atenienses; no podemos saber es a quien servía Eurípides, lo único que está claro es que quien ha arrastrado la culpa hasta hoy en día es Medea, la única que parece ser que no tenía ninguna culpa y los propios dioses, por ello, no la castigan.

Pero, ¿qué juramento rompió Jasón? La Medea mitológica es sólo una pieza más de unos actos que comenzaron mucho antes de su aparición en escena, cuando un carnero alado que se llama Crisomallos salvó a Heleno y Frixo, hijos de Atamante y de la diosa Néfele, cuando iban a ser asesinados por Ino, esposa de Atamante.

Este carnero fue enviado por su madre y se llevó a las dos criaturas por el aire hasta la Cólquida. Allí el carnero fue sacrificado y su piel (el Vellocino de Oro) se colgó en un árbol donde estaba guardada por un dragón, y allí estuvo hasta que Jasón fue a robarla (varios años después este Frixo se casó con la hermana de Medea, pero esa es otra historia).
No me extenderé con las peripecias de Jasón para conseguir el vellocino, la ayuda de Medea, la huida a través del mar, los asesinatos y luchas, la recuperación del trono de Yolcos… Simplemente analizaré brevemente los actos de Medea a partir de ese momento.

Medea no era una hermanita de la caridad, pero tampoco la asesina despiadada que muestra Eurípides, y Jasón no era el héroe impoluto que la leyenda nos cuenta, también era un poco aprovechado… En su huida con el vellón bien escondido en la bodega del barco, se encontraron con el rey Eetes que no estaba dispuesto a perderlo de vista. Los encontró cerca de la desembocadura del Danubio y Medea, para detenerlo, se le ocurrió matar a su hermanastro Apsirto, destriparlo e ir tirando trozos por la borda, para obligar a Eetes a detenerse a recogerlos.

¿Esto lo hizo conscientemente (disfrutando incluso del acto) o se vio obligada a hacerlo por amor a Jasón? Lo ignoramos, pero sin duda es una de las razones por las que expresa su ira frente a su marido, quien finalmente la abandona, a pesar de que es ella es quien le soluciona todos los problemas a Jasón, pues es ella quien guía a los argonautas hasta el lugar donde está el Vellocino de Oro; es ella quien da las indicaciones para no ser hipnotizados por el dragón («yo te salvé, como saben todos los griegos que se embarcaron contigo en la misma Argos…»); es ella quien adormeció al dragón para que Jasón robara el vellón; es ella quien se creyó la promesa de matrimonio de Jasón («yo misma, después de traicionar el padre y mi palacio, llegué contigo a Yolcos, al pie del Pelión, más enamorada que no sensata«); es ella mató a su hermanastro y también es ella mató al gigante de bronce Talos que encontraron a Creta.

Y cuando, una vez en Yolcos, Pelias se niega a entregar el trono a Jasón, es Medea quien conspira para que las hijas de Pelias maten a su padre mediante un sortilegio mágico («hice morir Pelias con la muerte más dolorosa, a manos de sus hijas…»). También es Medea quien aconseja a Jasón ir a Corinto, ya que ella creía tener derechos dinásticos sobre el trono que entonces ocupaba Creonte… Una lista larga de tareas realizados por Medea, y pocas hechas por Jasón, quien parece simplemente acompañarla sin decir nada. Pero su ira aún no ha aparecido, su ira funesta está por aparecer: ¿cuál es el desencadenante?

A su llegada a Corinto, Jasón traiciona a Medea. A pesar de todo lo que ella ha hecho por él, a pesar de que Jasón sólo ha sido un comparsa siguiendola, a pesar de todo esto, Jasón conspira con Creonte para abandonar a Medea y casarse con Glauce, hija del rey («Y tú, el más pérfido de los hombres, a cambio de haber recibido estos beneficios nos has traicionado y has tomado posesión de un nuevo lecho conyugal, a pesar de que tenías hijos«) Conocido este dato, ¿puede extrañarnos que Medea sienta un odio inmenso hacia Jasón?

Y Eurípides convirtió eso en una tragedia.
La Medea de Eurípides fue representada por primera vez cuando era arconte Pitodoro, que es lo mismo que decir que fue estrenada durante el primer año de la octogésima séptima olimpiada (o dicho de otro modo, en el año 431 aC ). Fue presentada a un concurso dentro de las festividades de las Dionisiacas y obtuvo el tercer puesto de tres (Euforión el primero y Sófocles el segundo). La obra no iba sola, sino que formaba una tetralogía con Filoctetes, Dictisy Los Segadores. Eurípides, en toda su larga carrera, sólo obtuvo cuatro primeros premios, por lo tanto no nos extrañamos de la decepcionante acogida que tuvo su Medea.

Eurípides es un personaje contradictorio; cercano a Sócrates, su mentalidad chocaba con la preponderante en la época y la manera en que tocaba los temas en sus obras dramáticas no eran del gusto del público, acostumbrado a situaciones y personajes más «convencionales». Otros autores mucho más conservadores, como por ejemplo Aristófanes, solían burlarse de él, y hacían correr rumores que afirmaban que no escribía sus obras, insinuando que eran escritas por uno de sus esclavos. También se hacían chistes y bromas sobre el bajo nivel social de sus padres (aunque en realidad parece ser que pertenecían a una familia acomodada), y también se burlaban de la mala suerte que tuvo suerte en sus matrimonios, llenando las calles de chismes sobre sus mujeres Melito y Quirina.

Eurípides está decepcionado con la sociedad que le tocó vivir: la guerra del Peloponeso terminó marcándolo y el ambiente negativo en el que se mueven los protagonistas de sus obras es un ejemplo. Además la crítica literaria no acababa de comprender su obra, pero, a pesar de todo, sus obras tenían éxito de público y cierta resonancia, sino no se entienden las continuas críticas de Aristófanes, ya que, ¿para que molestarse en criticar a un autor sin éxito?

La política tampoco interesarlo y nunca participó de los asuntos públicos de su ciudad, y finalmente, rompió con Atenas y se fue, ya viejo, a vivir a Macedonia, donde murió en 406 aC, a la corte del rey Arquelao. Se dice que cuando se conoció su muerte, durante las representaciones de las Grandes Dionisias, Sófocles hizo aparecer los actores sin la corona y él mismo se vistió de luto. La ciudad erigió un cenotafio y le concedió un premio póstumo; a pesar de la poca estima que le tuvieron en vida, con su muerte, como suele pasar, vino el reconocimiento.

Y por todo ello su Medea, es sobre todo una obra transgresora. Ya he dicho que cuando Eurípides la presentó, no gustó, y era porque rompía con lo que estaba establecido: En su obra la sociedad es más problemática, menos uniformizada; el matrimonio se discute, es «enjuiciado»; las relaciones sexuales aparecen visibles, ya no se esconden; los humanos se humanizan y los dioses se divinizan, y eso endurece el discurso. Y, por último, en el caso concreto de Medea, Eurípides cambia totalmente el mito original, lo gira y revuelve, introduce conceptos que no aparecían y hace desaparecer otros que eran conocidos por todos. Evidentemente todo esto supone una revolución.

Eurípides elige a una bárbara, a Medea, para mostrar a los ciudadanos de Atenas que una mujer puede ser libre, aunque sea a través de su furia, matando a los hijos para vengarse de su marido. Y si esto no fuera suficiente convierte en el héroe por excelencia, Jasón, en un cobarde traidor sin ánimo ni sangre en las venas. Y, para acabar de rematarlo, Medea desvirtúa todas las hazañas de los héroes con una sola frase con que las reduce a algo menos importante y simple que el hecho de tener un hijo ya que, según ella, es en el momento del parto donde se muestra realmente la valía de alguien. Medea llama todo aquel que quiera oírla esta frase: «¡Necios! Preferiría tres veces estar a pie firme con un escudo, que dar a luz una sola vez«.

Medea aparece en el arte siempre bajo el aspecto de lo que la representa: bruja, hechicera, dominadora de encantamientos… asesina. La imagen y simbolismo de la «mujer fatal» es algo que se repite a lo largo de la historia del arte y del cine. La Medea pictórica es la bruja, la malvada, pero también la seductora o el amante; curiosamente nunca es la víctima, siempre es el verdugo.

Ejemplos en el arte hay infinidad, pero me gustaría comentar tres muy diferentes. El primero es la Medea de Waterhouse (Jasón y Medea – 1907).
En la obra vemos a un Jasón boquiabierto y un poco pasmado, mirando a Medea que está preparando una poción. Sin duda corresponde al momento en que Medea prepara la pócima que ayudará al héroe a vencer los toros que debía uncir, una de las primeras pruebas que tiene que superar antes de conseguir el Vellocino; quizás por eso el fondo es oscuro y tétrico, ya que se está preparando para enfrentarse a los monstruos…
La simbología de los elementos acompañan esta imagen son típicos de la brujería: la serpiente grabada en el mármol, la que aparece en una especie de columna que tiene detrás; la rana, ingrediente habitual de los brebajes de las hechiceras. En la pintura también salen una olla y otros utensilios habituales en la simbología brujeril.
Jasón aparece como asustado, quieto, con los pies juntos, las manos agarrando con fuerza la lanza… todo lo contrario de un héroe y todo lo contrario de Medea, que aparece luminosa, segura de sí misma, potente, poderosa, solemne, dominante y tranquila. No muestra miedo ni temor (parece estar contando las gotas de la poción, eso sí, para no equivocarse, suponemos).
Otra Medea que aparenta una tranquilidad similar a la de Waterhouse es la de Henri Klagmann (Medea – 1868).
En esta obra se representa el momento en que, ya traicionada por Jasón, Medea está pensando si matar o no a sus hijos. Su instinto maternal le dice que no pero, por otra parte, su orgullo le empuja a tener presente el cuchillo que tiene cogido con la mano izquierda.
Quizás es una impresión mía, pero no parece que finalmente termine matándolos, como dice Eurípides, da la impresión que huirá, los esconderá y confiará que no les pase nada, aunque sabemos que no será así, ya que, o bien a manos de ella o de los corintios, finalmente morirán los dos.
Una tercera Medea (o mejor dicho, unas terceras Medeas) son las de Delacroix, ya que pintó cuatro versiones entre los años 1838 y 1862.
La Medea original (Medea furiosa) es la de 1838, y en ella podemos observar el momento en que está a punto de matar a sus hijos, tiene la daga en las manos y aquí sin duda parece a punto de ejecutar el abominable acto, a pesar que también puede interpretarse que está huyendo y protegiéndolos de algún enemigo que no vemos.
Ya he dicho que esta Medea parece huir de alguien que no vemos, ahora bien, ¿Quién es ese alguien? ¿Medea está protegiendo a sus hijos de alguien que quiere asesinarlos? ¿Por qué mira asustada hacia el exterior de la cueva? ¿Está huyendo de alguien que quiere evitar que los asesine? En el primer caso el cuchillo es el arma defensiva, en el segundo, la homicida.
¿Qué versión preferís? Yo, sin duda, prefiero la primera.

BIBLIOGRAFIA
Badillo, Pedro E. (2004).La tragedia griega. San Juan: Universidad de Puerto Rico.
De Romilly, Jacqueline. (2011). La tragedia griega. Madrid: Gredos
Eurípides. (trad. De Joan Alberich). (1993). Medea. Barcelona: Editorial Irina.
Euripides. (1999). Tragedias I: El cíclope – Alcestis – Medea – Los heraclidas – Hipólito – Andrómaca – Hécuba. Madrid: Gredos
Graves, Robert. (2005) Los mitos griegos. Madrid: RBA
Homer. (2011) Odissea. (versión de Joan F. Mira). Barcelona: Proa
Jaeger, Werner.(2001). Paideia: Los ideales de la cultura griega. Libro II. México D.F.: Fondo de Cultura Económica México
Jaeger, Werner.(2001). Paideia: Los ideales de la cultura griega. Libro III. México D.F.: Fondo de Cultura Económica México.
Lesky, Albin. (1966). La tragedia griega. Barcelona: Editorial Labor.
Lopez Galocha, Maria Dolores(1995) Estudio socio-político de la Medea de Eurípides, en Ilu,. Revista de ciencias de las religiones,nº0. Madrid: Universidad Complutense.
Pausanias. (1994). Descripción de Grecia. (Versión de Maria Cruz Herero) Madrid: Gredos







