Dr. Manhattan




En el vasto universo de los cómics y la narrativa gráfica, podemos clasificar los personajes según su grado de popularidad y su inserción en la cultura popular.

Por un lado, encontramos los personajes mainstream, aquellos icónicos y universalmente reconocidos que han trascendido generaciones y medios. Un ejemplos claro es Superman, Spiderman o Batman; figuras que forman parte del imaginario colectivo y que suelen ser protagonistas de grandes producciones y adaptaciones masivas.

En un nivel intermedio, están los personajes alternativos o de mainstream secundario, que, aunque no cuentan con la misma notoriedad global, gozan de un seguimiento sólido dentro de nichos especializados y a menudo exploran temáticas más maduras o complejas. En ocasiones se trata de personajes que, a pesar de haber sido publicados por grandes editoriales, han tenido momentos de gran popularidad, pero no una constante presencia cultural.

Finalmente, en la periferia encontramos los personajes underground, de carácter radical o contracultural que, incluso cuando van destinados a un público general (Swamp Thing, Miracleman o Constantine) nunca han conseguido una gran fama y como mucho se han convertido en personajes “de culto”. También incluiríamos en este grupo los que, cuando fueron creados, su intención es que ocuparan este nicho y desafiaran convenciones narrativas, estéticas o temáticas (Tank Girl o Lady Death).

Voy a quedarme con los grupos 2 y 3, y voy a elegir un grupo de superheroes atípicos pero absolutamente recomendables. Todos me han hecho disfrutar en un momento u otro y todos ellos cumplen estas condiciones:

  • Tienen superpoderes (auqnue algunos son un poco “de andar por casa”).
  • No son mainstream.
  • Atípicos, diferentes, con identidad propia y no demasiado convencionales.
  • Una historia larga y solida y, sobre todo, autoconclusiva (olvidémosnos de 1.000 crossovers y 20.000 adaptaciones)
  • Recomendables en general pero también por tener un arco argumental publicado que merece la pena leer y disfrutar.

El primero fue Swamp Thing –Dios que descubre que nunca fue humano–, despues vino Jenny Sparks –humana convertida en diosa, a su pesar–. Ahora le toca al Dr. Manhattan –Dios que no siente

Datos Básicos

Primera aparición: Watchmen (1986)
Editorial: DC Comics
Creadores: Alan Moore & Dave Gibbons
Tipo de ser: Entidad posthumana / semidiós cuántico


Mejor etapa / arco argumental

Watchmen (1986-1987)

  • Por qué es recomendable: Historia autoconclusiva, cerrada y perfectamente legible sin ningún conocimiento previo del Universo DC. Dr. Manhattan no ha tenido jamás una caracterización más sólida, coherente y filosóficamente potente que en
    Watchmen.
  • Lectura independiente: Sí. Absolutamente. Watchmen es una obra cerrada, ajena a continuidades, crossovers o sagas interminables.
  • Calidad artística y narrativa: Obra maestra indiscutible del cómic moderno. Referencia académica, cultural y narrativa, con uno de los personajes más complejos jamás creados.

¿Quién es el Dr. Manhattan?
Poderes
  • Manipulación de la materia a nivel subatómico
  • Fuerza y resistencia prácticamente infinitas
  • Teletransportación
  • Ubicuidad (puede manifestarse simultáneamente en distintos lugares)
  • Reconstrucción de su propio cuerpo
  • Clarividencia temporal: percibe pasado, presente y futuro al mismo tiempo
  • Virtual omnisciencia
Origen de sus poderes

Desintegración atómica y una posterior reconstrucción.

Alter ego

No tiene. Jonathan Osterman dejó de existir el día del accidente. Dr. Manhattan no es una identidad, es un estado del ser.

Afiliaciones
  • Departamento de Defensa de los Estados Unidos

Biografía básica


Jonathan Osterman nació en 1929. Tras el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima, decide abandonar el oficio familiar de relojero para dedicarse a la física nuclear.

Se convierte en un brillante físico nuclear y, en 1959, durante un experimento en la base de investigación de Gila Flats, queda accidentalmente atrapado en una cámara de campos intrínsecos. Su cuerpo es desintegrado átomo por átomo.
Oficialmente, Jonathan Osterman muere.

Sin embargo, en lugar de desaparecer, su conciencia sobrevive y aprende progresivamente a reconstruirse, primero como fragmentos, después como una figura humana completa. El ser resultante ya no es humano: es una entidad capaz de manipular la materia y la energía a voluntad, no es más que una alteración de la materia bajo forma humana.

Tras su transformación, el gobierno estadounidense intenta convertirlo en el arma definitiva y en el superhéroe perfecto. Sin embargo, cuanto más poder adquiere, más se distancia emocionalmente de la humanidad.

Dr. Manhattan no percibe el mundo como personas, sino como configuraciones temporales de átomos. Para él, un cuerpo vivo y uno muerto son variaciones mínimas de la misma materia. Esta visión le incapacita para actuar como un héroe tradicional.

El Dr. Manhattan no desea proteger a la humanidad, ni siquiera comprende por qué debería hacerlo. No es cruel, simplemente indiferente.

Su percepción simultánea del pasado, presente y futuro elimina el libre albedrío tal y como lo entendemos. Todo ocurre porque ya ha ocurrido. Todo está decidido.

Dr. Manhattan no es un superhéroe incómodo por su poder, sino por su deshumanización absoluta. Es un dios que ha trascendido la moral, la empatía y el sentido mismo de la vida humana.

OBRA DE ARTE ELEGIDA

Cristo Pantocrátor (Mestre de Taüll – siglo XII). El término Pantocrátor significa “todopoderoso”. En la iconografía cristiana, Dios aparece entronizado, distante, ajeno al sufrimiento humano, observando el mundo desde una posición absoluta.

Dr. Manhattan encaja perfectamente en esta representación:
un ser omnipotente, omnisciente y radicalmente separado de la humanidad, del mismo modo que un hombre está separado de una bacteria.

No es un salvador. No es un juez. Es simplemente algo superior… y por ello, aterrador.

Deja un comentario