Efecto Hamelin, o ¿porqué cruzamos en rojo los semáforos?

O you youths, Western youths,
So impatient, full of action, full of manly pride and friendship,
Plain I see you Western youths, see you tramping with the foremost,
Pioneers! O pioneers!”

(Walt Whitman, Leaves of Grass – 1900)   

Goethe, precursor del romanticismo alemán, a la edad de 24 años, pasó de ser un desconocido a convertirse en toda una celebridad gracias a la novela Las penas del joven Werther (1774). A partir de su publicación se extendió una fiebre que recorrió Europa de forma que, al igual que el protagonista de la obra, se produjeron cientos de suicidios de jóvenes melancólicos y sentimentales. Esto preocupó a las autoridades y hubo países en que se prohibió el libro. Incluso puede decirse que el autor se arrepintió de haberlo escrito; aunque, en realidad, su arrepentimiento venía dado porque muchos de los que le visitaban en su casa, en los años de su vejez, sólo conocían de él esta obra, entre todo lo que llegó a escribir.

En 1974, el sociólogo David Phillips definió lo que él llamaba Efecto Werther, en un articulo titulado The influence of suggestion on suicide: substantive and theoretical implicatins of the Werther Effect, publicado en la American Sociological Review. En él explicaba como el número de suicidios se incrementaba en Estados Unidos durante el mes siguiente que el New York Times publicara en la portada cualquier noticia relacionada con un suicidio.

Die Leiden des jungen Werthers

Muchos años antes el sociólogo francés Émile Durkheim tocó el mismo tema (Le suicide. Étude de sociologie, 1897) y demostró que el suicidio es un fenómeno social y por tanto no podía ser arrinconado dentro de la rama de la psicología o de la moral, sino que tenia que ser gestionado globalmente de manera sociológica o incluso antropológica. El tema del suicidio imitativo ha sido en ocasiones tratado de manera humorística relacionándolo con el supuesto «suicidio» de los lemmings (Lemmus).

Dibujo de Mike Keefe, publicado en The Denver Post en 2007

Los lemmings son unos roedores conocidos por sus migraciones masivas, y existe un mito muy extendido que habla del suicidio colectivo de estos animales, lanzándose en masa al mar. La comunidad científica rechaza este mito, propagado sobre todo por películas y documentales (como, por ejemplo, White Wilderness de 1958), acusados de tergiversar la realidad e incluso de maltrato animal, ya que parece ser que los lemmings que aparecen en la película fueron forzados a suicidarse, empujándolos hacia unos acantilados. Pues bien, a partir de una de estas imágenes humorísticas podemos plantearnos si un líder suficientemente convincente podría forzar a un grupo numeroso a suicidarse o, centrándonos en una situación más cotidiana y a la que tenemos un acceso más fácil: si un líder osado puede forzarnos a cruzar un paso de peatones con el semáforo en rojo, simplemente debido al efecto imitación. Evidentemente esta reacción de la persona que cruza en rojo imitando al líder no sería correcto llamarla Efecto Werther, por tanto podríamos hablar de un Efecto Hamelin.

No obstante, creo que es interesante determinar primero quién puede ser considerado un líder. Éste puede definirse de muchas maneras, y una de ellas es la que afirma que un líder es aquel que es reconocido como tal por sus seguidores y no por el hecho de representar un rol determinado; la función de líder es situacional, depende del contexto, o sea que, se es líder en el momento en que se está en un lugar determinado, en el momento preciso y actuando de una manera concreta; pero siempre que su actuación influya en las expectativas del grupo.

Vamos a visualizar una situación bastante habitual: paso de peatones en una calle cualquiera de una ciudad; un grupo de personas está esperando a que el semáforo cambie a verde para cruzar; una de ellas (lo podemos llamar pionero) atraviesa sin esperar el cambio de color; al instante un grupo de personas (las podemos llamar seguidores) la acompañan en el trayecto sin pensarlo. Se ha producido el efecto Hamelin.

Para comprobar hasta qué punto esto sucede habitualmente he realizado el siguiente trabajo de campo:

LUGAR: Paso de peatones del cruce entre las calles Ramón y Cajal, Rambla Nova y Cristófor Colom, en Tarragona. (41º07’01.7 «N 1º14’56,6» E).

 

FECHA: Sábado 14 de mayo

HORA: Se ha efectuado el estudio sobre una muestra de individuos que ha cruzado el semáforo en 3 períodos de 10 minutos entre las 12 y las 13 horas, y 2 períodos también de 10 minutos entre las 17 y 18 horas.

DATOS: El semáforo está 23 segundos en verde y 45 en rojo y se ha calculado que pasa una media de 20 personas cada vez. Esto nos proporciona unas 1.200 personas a la hora. Si trasladamos los 34 casos de Efecto Hamelin que se han presenciado a un periodo de una hora, estaríamos hablando de unos 204 casos posibles.

TIPO DE OBSERVACIÓN: La observación se ha hecho a pie de calle, utilizando el método de la observación participante. El observador (o sea, yo) se ha colocado en medio del hecho social, en este caso participando pasivamente, para no alterar los resultados. La muestra no ha sido lo suficiente representativa, ni se han realizado suficientes observaciones como para extrapolar unos resultados que sean concluyentes, a pesar de todo creo que sirven para deducir unas conclusiones iniciales muy interesantes.

 

Tramo HorarioTotal PionerosSin seguidoresCon 1 SeguidorCon 2 SeguidoresCon 3 SeguidoresCon 4 Seguidores
de 13 a 14 h.1144300
de 17 a 18 h.2356741
CASOS TOTALES34
EFECTO HAMELIN25
SIN SEGUIDORES9
SEXO DE LOS PIONEROS< 30 añosde 30 a 60 años> 60 añosTotal
MUJER48113
HOMBRE710421
TOTAL1118534

Vistos los datos anteriores, podemos afirmar que en total ha habido 34 pioneros que han atravesado después de estar unos instantes esperando; en una cuarta parte de los casos nadie les ha seguido, pero en 25 casos se ha producido el Efecto Hamelin.

Estos pioneros son mayoritariamente hombres (21 hombres frente a 13 mujeres) y de una edad aproximada comprendida entre 30 y 60 años .

Una vez vistos los resultados es lícito preguntarnos quienes son estos hombres: ¿son los más impacientes, los más osados, los más despreocupados o los más inconscientes? ¿Y las personas que los han seguido? ¿Quiénes son? ¿Los que tienen menos fuerza de voluntad o los más influenciables?

Si trasladamos los datos a una gráfica, el resultado es el siguiente:

En primer lugar deberíamos dejar claro que este factor imitativo es bastante más común de lo que puede parecer a priori, sobre todo cuando estamos hablando (como en este caso) de riesgos de tráfico. Muchos estudios demuestran esta correlación entre una infracción en la conducción y el efecto imitativo, por ejemplo Hutchinson, Cox y Maffet (1969) afirman que «drivers follow each other like sheep» / «los conductores se siguen unos a otros como ovejas«. Esta imitación viene dada porque cada ser humano individual es un inductor de sociabilidad, de manera que en el momento en que queda aislado aparece la desculturación.

La sociabilidad es bastante precaria y se debe alimentar constantemente; y el alimento necesario son «los otros». La interactuación con los demás y los vínculos que creamos para evitar la soledad es lo que desarrolla la sociabilidad. Cuando nos encontramos acompañados actuamos de manera diferente que cuando estamos solos; un chiste escuchado en soledad quizás no nos hará reír, pero si el grupo suelta una gran carcajada, nosotros lo acompañaremos. Esta es la misma chispa que genera el impulso de seguir al osado que cruza el semáforo.  

Podemos basar este comportamiento en la capacidad imitativa del ser humano, una capacidad relacionada directamente con el instinto de supervivencia: si un individuo conseguía llegar a la edad adulta, señal que lo había hecho bien; entonces, ¿qué hay de extraño en querer imitarlo? Además, esta imitación de actitudes, costumbres y roles sociales cohesiona más fuertemente el grupo, por lo que aquellos miembros que no imitan el comportamiento de los demás son generalmente marginados y no pueden integrarse en la sociedad.

La necesidad de integración es básica para el ser humano, ya que es un animal gregario (del latín gregarius, que proviene del vocablo grex, o sea rebaño) y, siempre que puede, se asocia con otros seres humanos, con animales o con espíritus; la cuestión es no estar solo.

Esta sociabilidad no aparece con la invención de la sociedad tal como la conocemos ahora, parece ser que hemos heredado este talento de nuestros ancestros, pero ha tenido que crecer y esto sólo puede hacerlo con la interacción de los individuos. Por lo tanto, debemos considerar el mimetismo humano como una herramienta fundamental tanto social como biológica. Gracias a ella empatizamos con los demás y podemos pertenecer a un grupo con el que compartimos señales identitarias.

Insisto en que aquel que no imita es marginado, pero esta marginación no aparece como una acción activa: no es la sociedad la que margina este individuo; la sociedad no interviene conscientemente, en realidad, tal y como afirma Girard, no poder imitar demuestra una incapacidad cultural e incluso podríamos afirmar que si desapareciera la imitación, desaparecerían todas las formas culturales humanas, ya que sin ella, simplemente no pueden pervivir.  

Pero, ¿hasta qué punto estas aptitudes socializadoras del ser humano son potenciadas por la capacidad mimética que tenemos? El psicólogo estadounidense Robert Zajonk afirmaba que la imitación fomenta las relaciones sociales y llamó a este fenómeno «transformación mimética». Un ejemplo lo podemos observar en las colas que se forman en los supermercados: la gente tiene tendencia a ir hacia la caja donde ya hay gente esperando, en lugar de ir a las que no hay nadie. Todo este comportamiento viene dado por la absorción imitativa de nuestros años de aprendizaje.  

Tenemos imbuido en nosotros «el seguir al líder», la obediencia al que «va delante», seguir las normas del grupo… la racionalidad humana lucha por reprimir los instintos primarios, pero debido a su gregarismo debe relacionarse con los demás individuos que lo rodean para poder sobrevivir y esto hace que mantenga la tendencia de seguir al «más fuerte», al líder. El objetivo es asegurar la supervivencia, por lo que desaparece la individualidad fusionandonos en el grupo, en la sociedad.  

   

La cultura no es un atributo individual per se, sino que lo es debido a la pertenencia o no a un grupo. El aprendizaje es una realidad cuando interactuamos con otra gente, cuando compartimos con ellos infinidad de formas culturales. Esto es lo que nos unifica y nos hace humanos, incluso hay quien afirma que la imitación viene dada por un fenómeno psicológico llamado «transferencia» que consiste en reflejar en el líder las experiencias y sentimientos del pasado que guardamos en nuestra memoria.

Para llegar al punto de poder construir una sociedad, el ser humano no utiliza un código moral supranatural que nos diga cómo hacer las cosas. Lo único que hacemos es obedecer unas impresiones puramente imitativas que tenemos introducidas de tal manera en nuestra personalidad que, al igual que los impulsos primarios, no podemos dejar de seguirlas.

El mimetismo es una de estas impresiones, él nos ayuda como especie y por eso hay quien afirma que la creación de la idea de líder viene dada en cierto modo por nuestros genes, por ejemplo el antropólogo Bermudez de Castro, dice que «un líder no se puede fabricar, no se aprende a ser líder», ya que, según él, este liderazgo viene dado por la herencia genética, por lo tanto no deberíamos extrañarnos que, cuando nuestro cerebro detecta a alguien que puede ser un líder (por la razón que sea), está tentado de seguirle, de imitarlo, de hacer lo que él hace, aunque hasta ese instante ese seguidor no se habría atrevido moverse del lugar donde estaba, de la seguridad en que se encontraba antes de atreverse a cruzar la calle.  

Desengañémonos, todos imitamos socialmente: no podemos esconder una sonrisa cuando alguien ríe, nos entristecemos si vemos a alguien llorar y cuando alguien bosteza no podemos evitar bostezar. Ahora, mientras escribo estas líneas estoy bostezando y estoy convencido de que quien las esté leyendo también bostezará.    

A continuación adjunto unas fotografías que exponen tres de las situaciones que me he encontrado al hacer el trabajo de campo.

Situación 1

Empieza a cruzar una persona (Pionero A), y casi inmediatamente le siguen otro grupo de personas (Seguidores B) que en muchos casos lo hacen tan inconscientemente que ni vigilan al pasar, además juraría que ni se han fijado en el color del semáforo.

Situación 2

Hay un grupo de personas que están quietos (fijaros en la mujer B al lado de la furgoneta blanca), pero unos instantes después cruza el Pionero A y tras él cruzan tres personas más y automáticamente (incluso antes de que pueda llegar al otro lado), la mujer que estaba quieta al otro lado de la calle se convierte en Seguidor B y cruza el paso de peatones sin ni siquiera mirarlo, como impulsada por la corriente de la gente.  

Situación 3

Hay un grupo de personas que no se mueven (observar el individuo A). Unos instantes después este individuo cruza el paso de peatones y, curiosamente, nadie lo sigue.

No he realizado un estudio suficientemente amplio como para extraer conclusiones definitivas, pero puedo señalar que de los nueve casos en que no se ha producido Efecto Hamelín, en siete de ellos (un 78% de los casos) la primera persona que ha cruzado ha sido un individuo de más de 60 años; es aventurar mucho, pero podría afirmarse que nadie lo ha seguido porque no lo han considerado un Líder.  

Bibliografía

  • Aparicio Garcia, Santiago (2013). «Antropología y liderazgo: ¿Por qué nos gustan los líderes» en Revista de estudios avanzados de liderazgo. Vol. Y, núm. 2. Regent University
  • Bart field, Thomas (2000) Diccionario de Antropología. Siglo Veintiuno Editores.
  • Bermudez de Castro, José María (2010). La evolución del talento. Cómo Nuestros orígenes determinan Nuestro presente. Debate
  • Durkheim, Émile (2012). El suicidio. Akal.
  • Girard, René (1997) Literatura, mímesis y antropología. Gedisa
  • Kottak, Conrad Phillip (2011). Antropología Cultural: Espejo para la humanidad. McGraw-Hill
  • Le Breton, David (1999). Las pasiones ordinarias, antropología de las emociones. Nueva Visión
  • Maccoby, Michael (2007). The leaders we need: and what makes os follow. Harvard Business School Press,
  • Morris, Desmond (2003). El mono desnudo. DeBolsillo
  • Ross, Robert R .; Antonowicz, Daniel H. (2004). Antisocial drivers: Prosocial driver training for prevention and Rehabilitation. Charles C. Thomas Publisher
  • Sanchez Pedraza, Ricardo; Guzman, Yahir; Cáceres, Heidy. (2005). «Estudio de la imitación como factor de riesgo para ideación suicida en estudiantes universitarios adolescentes» en Revista Colombiana de Psiquiatría, vol.XXXIV, núm 1. Asociación Colombiana de Psiquiatría.
  • Whitman, Walt (1999). Hojas de hierba, antología bilingüe. Alianza Editorial.

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