La democracia actual bajo la mirada crítica de Rousseau

«Sólo hace ocho semanas que vivo en el castillo de Ermenonville, propiedad de mi buen amigo el Marqués de Girandin. Desde mi ventana veo la isla de los álamos y una paz infinita me impulsa a desear yacer y descansar allí para siempre; pero antes tengo que terminar este escrito. 

Jean-Jacques Rousseau a la edad de 41 años, pintado por Quentin La Tour

No quiero explicar quién soy y que he hecho, pues hace unos años redacté Rousseau juge de Jean-Jacques, obra considerada polémica por algunos, a pesar que esa no era mi intención. En ella intenté juzgar mi vida ante los ataques de mis incansables adversarios.

Ahora sólo deseoo terminar mis paseos, recopilar mis pensamientos en un escrito que deseo llamar Rêveires d’un promeneur solitaire y sobre todo, dar paz a mi alma.

Como en realidad no soy yo quien habla, sino alguien que se aprovecha de mí ausencia para hablar a través de mí, puedo especular sobre hechos que no conozco pero que puedo imaginar a partir de mis propias experiencias. Puedo deducir que la futura sociedad cambiante de los hombres se alejará de la simplicidad que propugno y la dictadura de los poderosos nos convertirá a todos en esclavos. Para mí es fundamental la libertad del individuo, y sé que es difícil compaginar libertad individual y el vivir en sociedad, de manera que cada vez veo más difícil encontrar un tipo de asociación que, además de proteger a la persona y a sus bienes, haga que cada uno sólo se obedezca a sí mismo y se mantenga libre.

El estado ideal no es el yo conozco, pero tampoco es aquel que se está preparando para venir y mucho menos este que sin duda conocéis vosotros; todo el mundo debe participar directamente en el estado, y esto, en vuestro modelo es imposible; habéis creado estados cada vez más grandes y en ellos es imposible que cada ciudadano pueda acudir a la asamblea para votar y participar. A veces habéis intentado manteneros en un sistema asambleario y habéis intentado reuniros en las grandes plazas de vuestras capitales, proclamando que tomaríais las decisiones en asamblea; ¡olvidadlo! Estas reuniones multitudinarias nunca prosperarán debido a las dificultades intrínsecas de decidir quién representa a quién.

Recordad que Aristóteles ya dijo hace siglos que se necesita un límite de población para obtener una buena reputación de gobierno; y yo añado que cuanto mayor es un país, menos libertad habrá. Cuando redacté la constitución del estado de Córcega me di cuenta que incluso aquella isla era demasiado grande como para que la democracia directa funcionara correctamente y a regañadientes ideé delegaciones de poder y asambleas de representantes. Vuestras votaciones, políticos, leyes para repartir escaños, delegados, senados y parlamentos, no son una politeia ideal, es necesaria una especie de religión civil que os una y os haga sentir integrantes de algo más grande. 

Como no podéis tomar directamente las decisiones, lo confiáis todo a vuestros representantes, y lo hacéis por la comodidad que obteneis al dejar que los demás decidan por vosotros. Habéis firmado un pacto con el diablo de la representatividad. Absortos en vuestros deseos e intereses particulares habéis dejado en manos de otros el gobierno con la condición de que os dejen tranquilos en vuestro pequeño mundo; y con este «dejar hacer a los demás» habéis perdido una cualidad esencial del ser humano: la capacidad de indignación.

Movimiento del 15-M, Madrid

Las decisiones derivan del pueblo y vosotros sois el pueblo, sin embargo, ¡desgraciados! No sois vosotros quienes tomáis estas decisiones colectivas. Creéis que vuestra organización de decisión representativa es el mejor método para canalizar las libertades particulares, pero cuando yo hablo de mayoría siempre me refiero a la voluntad que sale de la deliberación en asamblea por lo que he de prohibir taxativamente los representantes, incluso los que pueda situarse entre el individuo particular y la asamblea legislativa.

Vuestros partidos políticos, sindicatos y asociaciones impiden una voluntad eminentemente general; nacen de una elección corrupta y sólo sirven sus propios intereses. La misma existencia de un grupo organizado sólo sirve para imponer al ciudadano su voluntad, y la existencia de un representante finalmente sólo sirve para que la voluntad del representante se imponga a la de los representados. La única manera para que el pueblo actúe libremente es representándose a sí mismo, si hay unanimidad en las deliberaciones y la voluntad de todos es la voluntad general. Sé que puede tildárseme de iluso al creer que es posible esta integración del individuo en el grupo, pero estoy convencido de que si la humanidad actúa unánimemente otro mundo será posible. 


Veo dos opciones, una peor que la otra: es mala la tiranía del demagogo populista que sube al poder a consecuencia de la influencia nefasta entre los electores, y también es mala la democracia oligárquica. Sin embargo, prefiero la segunda a la primera; pero vosotros insistís en la primera, llamándola «democracia representativa» una expresión que es una contradicción en sí misma. 

¿Qué más puedo criticar de vuestro sistema político? La apropiación de las instituciones por parte de las finanzas y el férreo control que las grandes corporaciones económicas tienen sobre la libertad individual. Tenéis que saber que el poder del pueblo es real, y el derivado de las finanzas es ilusorio, ya que no gana el Todo, solo gana aquel que lo utiliza para sus asuntos privados, o sea, el poder financiero. Habéis cambiado las reglas jurídicas por las reglas del mercado (que llamáis de forma absurda «libertad de mercado»).

 

No me gusta vuestro sistema político, ni vuestra esclavitud frente a los poderosos, ni estos hormigueros en los que habitáis, donde el aliento fétido de uno contamina al otro. El ejército profesionalizado, la multitud de funcionarios que conforman un poder dentro del poder, los impuestos que sólo sirven para enriquecer el estado y la burocracia son vuestros enemigos, ¡no os engañéis! Además, los placeres decadentes os han ganado, placeres artificiales, corruptos … adoráis los ídolos de los espectáculos y sois como monos afeminados, esclavos de vuestras mujeres que desgraciadamente han perdido el pudor y la decencia, la humildad y la pasividad. ¡Como queréis que vuestros gobiernos funcionen si las mujeres están dentro de ellos! ¡Como quereis que vuestra sociedad avance si ellas actúan contra su naturaleza! Es decir, dejando de subordinándose al hombre y olvidando su familia… sé que mis palabras os sorprenden, pero son mías, no puedo contradecirme, es lo que pienso y este soy yo. 

He dicho que el individuo se integrará en el grupo; pero los hombres son como son, y por ello las leyes deben hacerse de forma que compaginen el interés con lo que permite el derecho. Creo que el hombre puede esforzarse y puede actuar en la búsqueda del bien común, superando el egoísmo y actuando con miras a causas más altas… pero esto sólo es posible si toda la sociedad actúa de manera que cada una de las partes interactúe con el todo. Es necesario encontrar una sociedad que suponga una reciprocidad absoluta y una igualdad en el compromiso, nadie puede someterse a la arbitrariedad del otro. Esto no existía en mi sociedad y, perdonad que os lo diga, tampoco en la vuestra. 

Vivís engañados en vuestras aglomeraciones industriales pensando que un partido político que no lo ha votado ni un tercio de los ciudadanos tiene todo el derecho para gobernar a la mayoría. Integrar al individuo en el todo es difícil, sé que no llegaremos allí hasta que todos los humanos individuales hayan madurado moral y política, de modo que cada uno de ellos tenga una conciencia clara de cuál es la voluntad general. No sé cómo hacerlo, es como la cuadratura del círculo, una verdadera quimera. 

A veces, conscientes de este hecho, habéis intentado llegar hasta allí mediante una democracia asamblearia, descentralizando el poder y dejando que sea el pueblo el depositario de las decisiones. No sirve de nada, no podéis sustituir la representatividad por una dictadura asamblearia en que gane la mayoría y en que tampoco haya unanimidad. 

La democracia federativa podría ser otra opción (yo la he recomendado para Córcega y Polonia), pero solo en el caso en que las funciones administrativas de estas federaciones estén reducidas al mínimo. Opino que sólo eiste un camino, un camino nuevo incluso para vosotros, hombres tecnificados del siglo XXI, el camino es la interconexión de las mentes a través de lo que llamáis red virtual, así podréis conseguir una verdadera democracia directa, más directa que nunca haya podido imaginar ningún hombre de mi tiempo (y si yo lo estoy imaginando es porque esto es un divertimento, un sueño, una digresión, recordad que en realidad yo no estoy aquí). 

Gracias a esta red (web? Internet? Perdonadme pero no tengo claro la palabra adecuada que usáis) podréis contactar los unos con otros estéis donde estéis; ahora sólo tenéis que dar un paso y convertir este otro en el prójimo, en un igual. ¡Pero cuidado! Esta red iguala a todo el mundo, pero existe el peligro de la alienación, el convertirse en una especie de dios apartado de la realidad, el peligro de creerse todopoderoso y aislarse de la sociedad. Pero si evitáis todo esto tendréis una herramienta esencial para hablar en una asamblea global, sin interferencias, para conseguir la unión en el todo de manera que cada uno sea individual, pero la globalidad actúe como un individuo. 

Siempre he dicho que la voluntad de todos no es la voluntad general; la segunda nos lleva al interés común, la primera no es más que una suma de individualidades. El individuo particular sólo puede obedecer a esta voluntad general, pero, ¿cómo conseguirla? Deseo encontrar el nexo que una la libertad individual y la colectiva, encontrar una autoridad inapelable que vele por el interés común.

Siempre he pensado que esto puede hacerse con la unanimidad de todos los hombres en relación a este interés, pero con los años (y después de conocer sus experiencias a lo largo de los siglos) cada vez lo veo más utópico.

A partir de vuestra red global puedo imaginar una inteligencia superior que oriente los deseos individuales hacia el interés común y este interés sea la pauta del gobierno de los hombres. He leído vuestras historias de unos seres autómatas (¿robots, les llamáis?) que son inteligentes y que, regulados por unas leyes claras y concisas, protegen a la humanidad. Sólo son mitos, pero en los mitos siempre se guarda el anhelo del ser humano. Sé que hay un cuento que habla de un robot que sigue las mismas tres leyes que los otros, pero tiene añadida otra, una ley que afirma que no podía causar daño a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufriera un daño. ¿Es la solución?

El salto de la individualidad del hombre a la generalidad de la humanidad es un gran salto, pero es fácil, el truco está en ver la humanidad como un tejido muy bello y cada hombre como cada hebra que lo conforma.

R. Daneel Olivaw, protector de la humanidad en las historias de robots de Asimov.

¿Es este el camino hacia mi sociedad perfecta? ¿Es este el camino que debe seguir para mejorar la vuestra? Lo ignoro, sólo soy un fantasma y no soy yo quien hablo, me hacen hablar aprovechando lo que he dejado escrito… en fin, he terminado, es hora de irse «.        

BIBLIOGRAFIA  

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